viernes, 27 de abril de 2012

LA ACTITUD EN LA CALLE


Hoy por la mañana, dando mi paseo, esta vez acompañada por mi fiel amigo Ibón, tranquilamente, y oigo muchas veces, gritos, de una señora no muy mayor, increpando a otra señora que conozco porque también tiene un perrico y pasea por el barrio, los que tenemos perro, nos socializamos más en la Ciudad, nos paramos y mientras nuestros amigos se olisquean, nosotros hablamos, de la edad que tienen, de su genio o del tiempo que hace...muy curioso, en una Ciudad, que si no fuera por los perros, no nos diríamos ni hola, pero al final acabas conociendo al dueño de tal o cual perro.
Bueno los gritos procedían de la mujer, que conforme nosotros, Ibón y yo, nos acercábamos, eran más claros, y cuando me a visto a mi, o mejor (peor) a Ibón a empezado a insultarme, en plural: que si todos los dueños de perros sois unos guarros, marranos, que estoy hasta los c...... de aguantaros, que huele la calle a perro, y nosotros y que asco...y más cosas, yo no daba crédito...no soporto los gritos, me aterran, me dejan paralizada, la otra señora, la del perro, le decía no si ya la conozco a usted, que es una amargada, eso es lo que...la señora será una amargada, pero iba de peluquería, un bolso de marca, joyas, iba completa, pero la lengua la tenia muy sucia...bastante más que el culo, con todas las palabras, de mi perro.

Yo no le he dicho nada solo he sacado las bolsas de basura, para recoger excrementos, que siempre nos acompañan a todos los que sacamos a Ibón...y le he dicho: perdone, lo que mi perro mancha, yo lo recojo, y a usted solo le queda hacer, llamar a la Policía, y denunciar a la persona que vea que no lo hace, porque si vuelve a insultar en la calle a gritos, la que llamará a la Policía, por insultos y amenazas seré yo.

Lo que a querido oír, entonces a mediado un señor, que por un revés en su vida, se ve “obligado” a estar en la puerta del Mercadona, a merced de lo que pueda sacar, un señor educadisimo y correcto, que mi padre, lo apreciaba mucho, porque hablaba con él, y le contaba su vida, y cuando mi padre ya estaba mal le ayudaba a entrar y salir, ha salido en “defensa” y le dice a la señora de la mala lengua, y buenas joyas...: oiga, les esta insultando a dos de las personas, que la conozco porque estoy todo el día aquí, que siempre recogen las “cacas”, hombre no se enfade, mira: se a vuelto hacia el señor, y lo a puesto: y tu, que das asco, quitate de aquí que te tenían que encerrar que da mala gana verte, con un desprecio, hacia una persona que la vida a tratado tan mal, pero que sigue guardando su dignidad, siempre va limpio, muy limpio aunque su ropa sea muy humilde, yo sé parte de su historia, y podría escribir un libro, triste, muy triste.

Entonces si que la gente que salia del M........, se le a echado encima a la mujer...porque este señor es muy apreciado en el barrio, ya son varios años que esta en la puerta, y ahora con la quimioterapia, y todo, allí esta, en la puerta, que lastima, por Dios, que injusticia, que dolor...

Me he subido a casa, porque llevaba los ojos anegados por las lagrimas, no puedo con las injusticias, con los malos modos, con la prepotencia, con el desprecio hacia los demás.

Luego más tranquila he vuelto a bajar, le he dado las gracias al señor de la puerta, no le he dado nada, no quería que el hombre se sintiera ofendido, porque hay veces que le vas a dar y dice, no, que hoy ya tengo para comer...y me he metido a comprar, cuando he salido, llevaba un poco de comida para el señor, pero ya no estaba, espero verlo mañana porque por las tardes desde que lleva el tratamiento no esta.


Y ahora, otra situación en la misma calle, una hora después.

Estaba en la caja haciendo mi fila, colocando la cosas, y he visto a una señora, que iba detrás de mi, y me he fijado en sus manos, manos artríticas, seguro, he pensado. La señora con bastón, pelito muy corto, cojeaba bastante, y sus dedos sobre todo los de la mano izquierda, completamente deformados, y me he fijado, que el codo tampoco lo doblaba...enseguida he empatizado con ella, sabia el dolor que le estaba produciendo el colocar las cosas en la cinta, y cuando he terminado de recoger las mias y he pagado, me he esperado y la he ayudado a poner las cosas en su carro.

Entonces la señora me a mirado, me a dado las gracia y me ha dicho, también usted tiene Artritis, verdad? Ahora me doy cuenta de sus manos, y también lleva bastón, pero es tan joven...

Hemos salido juntas del establecimiento y hemos hablado un poco en la puerta, la señora tiene Artritis desde los 38 años, ahora tiene 67, una operación de cadera, de la que no a quedado bien, normal, y sobre todo tanto miedo a la incapacidad, a la silla de ruedas, a depender de los demás, que con lagrimas en los ojos me a dicho, a poco que pueda, salgo, porque si no me quedaría invalida, y no puedo ni quiero, pero estoy tan sola, este dolor no lo entiende nadie...no puedo decírselo a nadie, poco a poco voy viendo como voy dejando de hacer lo que antes podía...

Yo le he dicho que la entendía que sabia de su dolor, porque también llevo muchos años enferma, y que también tengo días,muchos, en los que no puedo salir de casa, pero a poco que pueda, hago como ella, a la calle porque mi miedo es su miedo, la invalidez, la silla de ruedas, depender de alguien para todo...

La señora que vive a dos calles de la mia, me a dicho toda presumida, ahora llevo el pelito muy corto porque no puedo peinarme, y le he dicho miré, mi melena también se ha ido, pero eso es lo de menos, usted es como yo, lleva sus uñas pintadas, y porque no? Yo también me las pinto, aún con mis dedos deformados, por lo menos, mientras pueda, ella ya no podía, pero se las pintaba su marido...Tenia tantas ganas de hablar y al ver mi comprensión en mis ojos y mis palabras, me dice: tienes Internet, le digo sí, y me dice yo también y ahora he leído la dieta del perejil, he hecho la del vinagre, la del...la del...y nada nada me arregla, le he dicho, nada nos puede arreglar, solo confiar en nuestros médicos y esperar que los tratamientos lleven su curso, la señora acababan de detectarle una úlcera de estomago y estaba muy preocupada, yo le he contado mi experiencia, que hace ya muchos años que la tengo y salvo algún episodio que se “altera” no he tenido que dejar la medicación. Nos hemos enseñado las tobilleras que llevábamos las dos, y yo le he dicho que desde mi último “brote” hace tres semanas también llevo un corsé, porque mi espalda no me tiene.

Le he dicho que si tenia facebook, la señora le ha sonado a chino...le he contado que si su hijo se lo puede hacer, encontrará una cuadrilla maravillosa, que a mi tanto me ha ayudado y me ayuda, porque sé que cuando digo lo que me duele ellos saben que se siente, cuando digo que estoy agotada, no tengo que pedir disculpas por estar cansada, porque ellos están como yo.

Ella me a dicho que ahora que viene mejor tiempo nos veremos por el barrio, por mi calle, porque viene a comprar aquí, y que si me puede hablar y contar, que no quiere ser pesada, y le he dicho que será un placer pararme y charrar lo que quiera, la soledad y la incomprensión es tan mala, y yo la he sentido en mi piel tanto, que la llevo tatuada.

Nos hemos despedido con un beso que la señora me ha pedido, y que a sido un placer dárselo.


Dos actitudes en una misma calle.

lunes, 23 de abril de 2012

Regalo día San Jorge



Este libro tan especial me lo ha regalado Carmen Domingo, ha sido una bella sorpresa.Gracias.

lunes, 9 de abril de 2012

LA INFANCIA DE UNA NIÑA QUE NO SABIA QUE ESTABA ENFERMA




El otro día al leer el escrito de Encarni Durán, sobre su infancia, la dureza y tristeza de una niña enferma, empecé a pensar en como fue mi infancia. Y he aquí un resumen de la mía, aún sin saber que estaba enferma ni mucho menos que padecía una enfermedad a la que tardaron más de 30 años en poner nombre: ARTRITIS REUMATOIDE.

Mis primeros recuerdos son de una niña hija única, sola entre primos varones, con sus juegos, que en nada se parecían a los míos, yo siempre quería estar quieta en un sitio y que no me dijeran de moverme mucho...cuando jugábamos a indios yo siempre me quedaba en la “tienda” haciendo la comida, pero era por no ir y venir con ellos, entonces no lo sabia pero ya estaba conmigo el cansancio.

Luego empezaron los dolores en los pies, casi es mi primer recuerdo de dolor, siempre me dolían los pies, no los zapatos, en la cama, sin andar, sin apoyarlos también me dolían.

Pero aprendí una cosa, y es a no quejarme, a llevar mi dolor, desde muy pequeña en silencio.

Mi madre una persona egoísta, hipocondríaca y depresiva, ya tenia bastante con sus enfermedades, que hacia llevar a todas sus hermanas y vecinas,y a mi padre, de lado.

Con cierta frecuencia se metía en la cama, porque sí, y desatendía todo, sin una enfermedad que lo justificara. Me acostumbre a verla en la cama a temporadas, y a todos los demás haciendo lo que podían, y claro no tenían tiempo para una niña pequeña que se sentía mal.

Mi madre cuando se ponía mala, a mi no quería verme, me chillaba y me alejaba de ella. Uno de los recuerdos más dolorosos que tengo de mi infancia es que me escapaba a verla a su cuarto y me ponía a los pies de su cama, callada, mirándola, y cuando ella se daba cuenta que estaba allí, chillaba y llamaba para que me sacaran de su cuarto, me decían que las personas enfermas, se portaban así con quién más querían...nunca lo entendí y sigo sin entenderlo. Y a mi padre diciendome: no hagas enfadar a la mamá, pero si yo no hacia nada, una niña más callada que yo, siempre jugando y leyendo en mi cuarto sin apenas hacer ruido,para que no me sintieran y poder pasar desapercibida.

Cuando mi madre pasaba una buena, casi siempre corta temporada, normal. Y yo le decía que me dolían los pies, y que los dedos se me estaban agarrotando que no los podía mover, siempre me decía que tenia los pies tan feos como la familia de mi padre, asunto zanjado.

Luego empezaron a dolerme las rodillas y las muñecas y en las Monjas, llamaron a mi madre, porque en la clase de gimnasia no podía hacer ejercicios que las demás niñas hacían.

Le dijeron que me llevara a mirarme las anginas, en esos años, todos los males de los huesos venían de las anginas.

A los 6 años me operaron de las anginas, aún recuerdo el pasillo de la mano de la enfermera, el frió del aparato al abrirme la boca y el dolor...

Luego el médico dijo que tenia reuma en la sangre, debido a las anginas que eran reumáticas, y que podría tener algún problema de corazón...nada más
No fui a ningún médico más, con ir mi madre a todos los que se le ocurrían a ella ya tenia bastante.

Y aquí fui empezando a vivir callada en silencio con mis dolores, que no eran incapacitantes pero que no me dejaban, unos días muchos estaba bien, cansada pero bien, y otros me dolía “algo”, pero me acostumbré a vivir con ello y sobre todo a no decirlo.

Esto no quiere decir que no fuera feliz, lo era, no conocía otra cosa, tampoco sabía si eso era “normal”, me gustaba mucho saltar a la comba, pero aguantaba menos que mis compañeras, pues bueno me sentaba en el banco y veía como saltaban, corrían y yo iba despacio, nunca ganaba carreras, no era buena en deportes, pero a cambio de eso me gustaba mucho leer, sacaba muy buenas notas en redacción y leía mucho más que lo que nos mandaban.

Mis juegos eran los libros, entre no tener hermanos y no sentirme bien, mis libros fueron mis mejores amigos, leía a todas horas, en esas historias me sentía libre, feliz, podía correr, nadar, saltar, viajar...todo, en el sofá de mi casa o en la cama.

Mi madre que era muy estricta no me dejaba leer a la hora de la siesta, y mi padre me regalo una linterna, bendito regalo, mis dos horas de siesta debajo de las sabanas leyendo, esperando que bajara el sol para irnos a casa de los abuelos con los tíos y primos, a jugar y merendar y a volver a casa, cansadaaaaa, pero como no sabia como volvían los demás, no me sentía diferente.

Tengo que decir, que no sé nadar, ni montar en bicicleta, lo que no aprendes de niño, de mayor con más dolores y mucho más miedo no lo aprendes. Mis primos corrían con sus bicis, y yo les leía aventuras, que ellos les daba pereza leer...

Siempre he sido buena contadora de cuentos, me meto en la historia y la vivo, luego de mayor también me gusta, a mis hijos les he leído mucho, he hecho cuentacuentos en la Biblioteca y ahora a Antonino también le leo.

Los años fueron pasando, me fui haciendo mayor, nunca pude ponerme unos tacones, jamás. Y el cansancio nunca me dejó, lo que pasa que vivía conmigo sin saber como se vive sin él, nunca recuerdo no haber sentido esa sensación de no estar “agotada”.

Estudié, y trabajé un poco más de un año en una oficina, tampoco era un trabajo duro, me encantan los papeles y escribir a máquina, fue una buena época.

La vida era distinta, no salia de noche, no salia de discotecas, iba al cine, y leía, siempre leía, hacíamos todos los años vacaciones y así fui haciéndome más mayor.

A los 20 años, hize un viaje a Italia, y eso fue más de lo que yo podía aguantar, iba con gente que tenia el doble y el triple de años que los míos, pero yo no podía seguir el ritmo de las excursiones, llegaba al hotel agotada, no cenaba solo me acostaba...esa fue mi primera experiencia con la gente, yo no podía llevar el ritmo de los demás y ellos no podían llevar el mio.

Solución, no salir con gente. Otra secuela más de esta enfermedad que no tenia aún nombre, la soledad.

Los dolores se iban incrementando pero no eran seguidos ni siempre los mismos, unas veces era una mano, otras un codo, pero no me impedían hacer mi vida “normal”.

Cuando empecé a salir con el que seria el padre de mis hijos, allí si que cambiaron las cosas, salían en el pueblo más de lo que yo nunca había salido, estar hasta las 2 o 3 de la mañana, sentada bebiendo, nunca he bebido alcohol, era un castigo y si se trataba de bailar en las fiestas del pueblo...ya ni os cuento. Me encanta la música pero bailar tengo mucho miedo a que alguien sin querer me pise o me dé un empujón, huyo de las aglomeraciones, cualquier golpe puede causarme un terrible daño...Aquí si se amplió la diferencia con la gente que no estaba enferma...

Yo era la rara, porque mequeria ir la primera a casa, la aguafiestas, la que no me adaptaba...y muchas, muchas demasiadas veces aguante lo que no podía. Nunca aún había pronunciado la palabra enferma , quizá porque no sabia que lo estaba. Y casi, casi, hubo una época que me creía que era diferente a los demás...y no sabía que podía hacer para hacer lo que hacían los demás...Una época dura.

LA ARTRITIS vivía conmigo, pero no tenia nombre. Fuí una niña feliz porque no conocía otra cosa, fui una joven que notaba, cada vez más la diferencia con los demás, y me convertí en una mujer, nunca insegura, pero sí diferente con los demás, no sabía el porque pero no era igual, ni mejor ni peor, pero no igual. Si tenia que salir por la noche, me acostaba por la tarde todo lo que podía y al día siguiente no me tenia, y veía a los demás activos, con ganas de hacer más cosas, y sin la palabra cansancio en su vocabulario, yo tampoco la pronunciaba, pero iba conmigo como una segunda piel, la cual no solo no me a ha abandonado si no que ha ido aumentado, pero eso es otra parte de mi vida.

En otro escrito, describiré mi etapa adulta, la de madre.

miércoles, 21 de marzo de 2012

EL GIMNASIO

El otro día paseando por la Avda.de Navarra, me extrañó en estos tiempos de crisis, el ver dos gimnasios grandes abiertos y con gente, bastante, joven y en su mayoría extranjeros, por lo que vi a través de unas grandes cristaleras que dan a la calle, en un gimnasio esta todo lleno de cintas de correr con hombres, en su mayoría, corriendo y sudando y en el otro gimnasio, que esta muy cercano en la misma acera, esta lleno de bicis estáticas, y allí vi que había mayoría de mujeres, con sus mallas sudando la camiseta, o el body, porque iban muy ceñidas de ropa, no como cuando iba yo a clases de estiramientos, que eran unas mallas y una camiseta ancha, y las mallas porque el profesor decía que si no veía si estirabamos bien el musculo.

Entrados en harina, que se dice vulgarmente, me dí cuenta de la estupidez humana, pagar para estar corriendo siendo que lo pueden hacer gratuitamente a 5 minutos de allí en el parque de La Aljaferia, y ya no te digo lo del tema de las bicis, que van y vienen por donde quieren...

Al hilo de lo de la estupidez me acordé de una conversación que tuve con mi Reumatólogo, hace unos años, cuando en una de mis múltiples visitas, ya hablamos de todo, y él me comentó una anécdota que le ocurrió a él que se me quedo grabada y es la siguiente: Estaba harto de que los amigos y la familia le dijera, oye tienes que venirte al gimnasio, que es muy bueno, que tenemos una edad, que te vendrá bien para la salud, y sin muchas ganas el hombre se apunto al gimnasio, convencido como estaba que con ir y venir andando a su lugar de trabajo era suficiente.

Me dice, al llegar allí veo a un hombre con exceso de todo menos de vello, y empieza a colocarnos en una sala y él en un lugar un poco más alto con un micrófono pegado a la cara y una música estridente, altísimo el volumen...y empieza, a saltar y a gritar uno, dos, tres, 50 veces el mismo movimiento. La persona que me refería esto, es el Jefe de Reumatologia de uno de los Hospitales más grandes de Zaragoza, y claro veía que el ejercicio que el que gritaba, no era el adecuado para tal o cual articulación, también veía que el elemento de las mallas no tenía ni “pajolera” idea de corregir la posición de los que no lo hacían bien, incluso pensaba de un momento a otro voy a tener que intervenir como médico porque alguno de esto les va a dar un infarto, por exceso de ejercicio, porque el del exceso de todo, les achuchaba a no parar, gritando: venga, más, otras 20 veces.

El hombre, el Reumatologo, no podía más y no llegó a ir una semana, cuando se despidió del gimnasio, en el que había pagado una cuota que ni siquiera pidió que le devolvieran, solo les dijo a la señorita mona que tienen para atender y al elemento de los gritos, que era médico y Reumatologo, que no podía seguir allí, porque veía lo mal que estaban haciendo las cosas y porque además veía a casi todos los que estaban con él en las clases, commo potenciales pacientes suyos, porque iban a producirse una lesión en algunos casos grave e irreversible.

También le dijo al señor depilado con mallas y microfono, que deberia de tener una titulación no de “preparador físico” si no de rehabilitador, que es lo que deberían de exigir las autoridades para ejercer en los gimnasios, porque hacía más mal que bien con los ejercicios que él “obligaba” a realizar.

El hombre que los llevaba al borde de la rotura fibrilar, no respondió nada, y se fue. La señorita mona, todo era disculparse, decir, que porque no había dicho que era médico y sobre todo temía que denunciara al gimnasio.

Mi Reumatologo se fue sin decir nada, feliz por haber abandonado ese lugar que para él era un castigo, por todo lo que veía y como veía que se realizaba.

Volvía a ser un hombre feliz con sus caminatas. Para callar a la familia se compró una cinta andadora que tiene cogiendo polvo en la terraza...

Queridos lectores del Tintero, desconfiar de estos modernos gimnasios donde los Monitores no están cualificados para ejercer ni orientar respecto a que ejercicios son los adecuados para cada cliente.

No nos dejemos llevar de modas absurdas, y caminemos que es un ejercicio completo, sano y barato.

El secreto para estar en forma consiste en quemar todas las calorías que se consumen y eso se consigue caminando, simple y llanamente, y a nuestro ritmo, sin tener a un elemento gritándote en la oreja y con una música horrorosa taladrándote los tímpanos.

viernes, 24 de febrero de 2012

EL PASEO



Hoy he tenido que ir a dos barrios de Zaragoza, que no había ido nunca, no conocía nada, no me orientaba, cosa nada rara en mi, y además no me han gustado.

No soy objetiva, puede, pero cuando he llegado a mi barrio a las calles conocidas, tantas veces andadas me he sentido en casa, la sensación de conocer todo y de saber a donde ir.

Una sensación que hacía muchos, muchos años que no sentía, porque he vivido en muchos sitios pero no me he sentido de ninguno de ellos.


Para terminar la sensación tan agradable que he sentido, esta tarde he salido a las 5 de casa, y he ido por la Avda. De Madrid, y como se nota lo que alarga el día, con un sol de tarde que calentaba y daba gusto caminar, las tiendas de flores habían sacado sus macetas a las aceras, los bares las mesas y sillas, y apetecía sentarse y ver pasar a la gente, sin nada más que hacer.

Parecía una tarde de Primavera adelantada, después de unos largos días tan fríos.

Pero lo que más me ha llamado la atención es una esquina de la misma Avda. había un señor mayor, tocando una acordeón, con una música, que me ha trasportado, no sé porque a una calle de París, enfrente había una terracita de bar con mesas y sillas de forja, y la música de fondo...la sigo llevando en los oídos.

Si no hubiera sido porque hoy tengo muy escaso eso tan precioso como es el TIEMPO, me hubiera sentado en la terraza, habría llamado a Antonio, y nos hubiéramos tomado un café, en silencio, oyendo las notas de esa acordeón que parecía hablar.

Nunca doy dinero, pero esa música ha hecho que le diera una propina al señor, algo muy pequeño, para lo feliz que me ha hecho.

lunes, 6 de febrero de 2012

GRACIAS

El año pasado, el día 29 de Marzo, Antonio, me hizo este blog, porque yo para esto soy un poco "lenta".

Cuantas satisfacciones me ha dado, no podía imaginar que nada de lo que escribiera pudiera interesarle a nadie, y al principio pensé que nadie lo leería, pero como a mi me gusta hacerlo lo empecé.

Ahora tengo que dar las gracias a las más de 2.000 personas, que han entrado y leído mis comentarios.

Son sencillos, son humanos, son cotidianos, son parte de mi vida, sin pretensión alguna, tan solo el hecho de escribir y contar lo que veo, o me sucede ya me va bien, es una buena terapia, pero ahora, gracias a todos vosotr@s que entráis a leerme lo habéis convertido en algo "muy especial" para mí. GRACIAS.

viernes, 3 de febrero de 2012

ALGO MUERE EN EL BARRIO




Hasta ahora venia muy poco y muy deprisa, tan apenas salia de casa de mis padres o a visitas médicas, ese ha sido el contacto con mi barrio, durante varios, bastantes años. Ahora, esto ha cambiado, he vuelto a vivir en él, aunque apenas llevo un mes, todos los días, lo paseo, detenidamente, eso es culpa de mis rodillas...voy mirando, viendo la belleza que también la tiene, la Ciudad, soy de un barrio muy popular de Zaragoza, nací en la calle que da nombre al Barrio, Las Delicias, y siempre he vivido en él, ahora vivo al final o al principio del barrio según se mire, al pasar La Aljaferia, ahí empieza mi calle, y ahora con tiempo, en mis paseos diarios he observado lo mucho que ha cambiado el barrio, me imagino que toda la Ciudad, pero en estos barrios viejos, se nota mucho más.

Ves cuando caminas un crisol de gentes venidas de otros Continentes, con sus lenguas, sus costumbres, sus trajes, sus colores, sus comidas...Ves tiendas en las que antes había una tienda de comestibles de toda la vida y ahora se venden productos de sus Países. Algunos completamente desconocidos para nosotros, y que cuando nos atrevemos a probar, incluso nos gustan, no todos, claro.

Ves peluquerías de otras razas, negras, chinas, rumanas, colombianas...con precios imposibles para competir las peluquerías españolas...

Ves tiendas de “chinos” casi una puerta si y otra también, vendiendo de todo, como un gran bazar, en el que entras, y siempre sales con algo. Están abiertas a todas las horas del día, muchas horas de noche y todos los días de la semana.

Ves bares, también regentados por gentes de otros Países. Han venido a nuestro Pais, buscando su Dorado, ganarse la vida, lo cual es completamente lícito.

Pero no deja de dolerme cada vez que descubro un sitio que ha desaparecido y otro nuevo que viene a ocupar su lugar, de gentes con otras lenguas.

Ayer entré a una frutería y la regenta un hindú. Solo tienes que recorrer varias de estas calles, y recorres el Mundo.

Conforme te adentras en las calles más viejas del barrio, donde los edificios apenas han cambiado, no tienen ascensor, ni calefacción ni por supuesto garaje, ves que los vecinos “de siempre”, ya no están...O se han ido a otros barrios, con más comodidades o han fallecido y sus familiares han alquilado sus pisos a estas gentes que vienen a nuestra Ciudad.

También he observado que la edad media del barrio, mejor dicho de los habitantes del barrio, de los nacidos en él, ha envejecido considerablemente. Y en cambio la gente que viene de los otros Países son jóvenes y normalmente con varios hijos. Hay una pequeña plaza que casi todas las noches, Antonio, Ibón y yo, la recorremos al final de la tarde, en el paseo de nuestro querido “compañero”, que esta llena de risas y de niños, aunque haga un frío atroz, como ayer y seguro que hoy también, son niños, altos, espigados, guapos, como sus madres, con esos vestidos coloristas que llevan, cuando vienen de comprar y de recogerlos del cole o sus padres, cuando salen de la Mezquita, que tenemos en una calle cercana.

Y eso también ha cambiado y mucho, le dije a Antonio, antes de llegar: escucha, son risas de niños, pero de niños extranjeros.

“Nuestros” niños no están en las calles, no juegan, ni mucho menos a esas horas. Están en casa, o haciendo deberes, o jugando con el ordenador, o no haciendo nada. Aunque sus padres trabajen, y ellos estén solos en casa, a nosotros, nos da miedo la calle, que estén fuera a determinadas horas, y en cambio a ellos no les pasa, dejan a sus niños, lo más precioso, que tenemos,solos jugando entre coches, motos, y de noche y algunos muy pequeños. Costumbres curiosas, el que no sientan miedo de lo que puede ocurrir, cuando las calles están casi vacías...

El otro día Antonio que paseó solo, vio como un hombre mayor, se acercaba a dos niños y les decía algo, y se dio cuenta de los desprotegidos que se encontraban esos pequeños...El hombre en cuestión iba borracho.

Bueno me he alargado, como siempre, porque yo quería decir, que cuando veo un comercio que cierra, algo en el barrio se muere.

Hoy ha ocurrido otra pequeña muerte en estas calles. Y este comercio me ha dolido más que otros porque siempre ha estado unido a fechas concretas de fiestas familiares.

Cuando descubrí esta pequeña tienda de ropa de mujer, me gustó, la llevaba, aún la lleva, durante un mes, que esta liquidando lo que tiene, una mujer de mi edad. Cuando mi hijo nació, el vestido de su bautizo lo compré allí, lo mismo ocurrió con su Comunión, con la de mi hija, con bodas, he llevado a amigas, y a través de los años, he tenido una relación, más que de clienta.

La mujer que regenta la tienda, ha vivido allí, sus dos embarazos, contándome, que gracias a su madre, solo tenia cerrada la tienda, 15 días, porque luego ella volvía a abrirla y su madre a cuidar a sus hijos, se los llevaba para que les diera el pecho, y así...fueron pasando los años, viviendo en esa tienda, más de 30 años.

Ahora que sus hijos son mayores y ella ya puede dedicarle a su negocio el tiempo que precise sin sentirse mal por el tiempo que no ha podido darles a sus hijos, por las corridas al cerrar para llegar a casa y seguir trabajando...como tantas mujeres.

Ahora, hoy, he visto un letrero que dice, SE CIERRA ESTE NEGOCIO. No os podéis imaginar lo que me ha dolido, este mes de Febrero es el último que esta abierta,ahora con unos precios ridículos, para una calidad de ropa, que siempre ha tenido a gala y que anunciaba en sus escaparates, ROPA DE FABRICACION ESPAÑOLA.

No he podido entrar, no tenia fuerzas de preguntarle y eso? Como es que cierras? Si ya sé las respuestas...Esta crisis unida al cambio de las costumbres de comprar en el barrio estada matando cada día un poco más a la Ciudad, en un mes, he visto cerrar una joyería “de las de toda la vida” y ahora esta tienda.

Sé, me imagino como se encontrará la dueña, ahora con un poco más de 50 años, sin paro, porque es autónoma, sin posibilidad de ponerse a trabajar en una tienda de una cadena de ropa, porque es “una señora demasiado mayor” para la imagen de la tienda... Y ahora sin posibilidad de poder cobrar una pensión porque le quedan 15 años de cotización...

Otro día entraré, no sé si compraré algo, siempre tiene cosas preciosas, que yo ahora ya no uso, pero son una delicia para la vista, y hablaré con ella, y le diré lo que siento que nos deje. Y sé que cada vez que pasee por esa calle, recordaré esa maravillosa tienda y esa mujer que ha hecho que muchas de nosotras pareciésemos unas princesas por unas horas, vendiéndonos y aconsejándonos, siempre con un gran criterio, sin importarle el decirnos, no te va, aunque perdiera una venta.

HOY ALGO SE HA MUERTO EN EL BARRIO.