miércoles, 25 de enero de 2017
sábado, 31 de diciembre de 2016
EL AÑO QUE ACABA
Hoy, último día del año 2016, no sé que pasa pero todos los años hago una especie de resumen, balance, no sé como llamarlo, pero vienen a mi mente muchas de las cosas pasadas en este año al que le quedan horas para acabar.
En el plano de las ausencias, pues, ya no tengo a mis padres, mi pequeña familia esta bien, estamos juntos, aunque cada uno volando cada vez más, como debe ser.
Ayer me recordaba una persona que me conoce bien que se acordaba cuando un día dije que aún ponía el plato de mi padre, cuando teníamos un día de fiesta, o cuando sin pensar mucho, entre semana, ponía la mesa, desde que mi madre también se fue, las ausencias han sido tan profundas que no he vuelto a confundirme, es como aceptar lo irremediable.
Este año he soñado poco con mis padres, en mis sueños con ellos, todos estamos contentos, nuestra pequeña familia esta intacta, soy pequeña, o mis hijos son pequeños y mis padres, ya abuelos, son inmensamente felices con sus nietos. Luego al despertar el dolor que me invade ante la realidad es tremendo, pero hay que seguir viviendo con él, forma parte de la vida.
Ha sido un año de ingresos hospitalarios, una nueva enfermedad, sin aviso, llegó a mi vida, a mi maltrecho cuerpo, en una revisión, me dijeron que estoy quedandome ciega, han pasado nueve meses y aún no lo he asumido, excepto cuando mi vista se niega a seguir viendo, el atardecer, esa hora mágica que tanto me gusta y que ahora no puede cogerme, sola y fuera de casa porque me asusta la oscuridad.
Me dijeron que no entraba en el programa de trasplante de órganos, al tener otra enfermedad crónica y el tipo de medicaciones que necesito. Así que sin darme cuenta, trato de grabar en mi retina, colores, caras, amaneceres, y lecturas, estoy leyendo compulsivamente, no puedo remediarlo, llevo unos meses con desesperación, todo pasará, claro que pasará. Ahora a primeros de año, volveré y me dirán la pérdida de vista en este año...tampoco sé si viviré lo suficiente como para quedarme ciega, es una espada de Damócles, ahora, lo sé, antes vivía pensando, durante dos años que necesitaba cristales nuevos...
Es una de las razones por las que he restringido el tiempo en el patio.
Han pasado por mi cuerpo dos nuevos tratamientos que fueron pésimos, una caída y rotura de huesos, un ingreso de varios días y montones de pruebas, ahora después de muuuuchos días sin pisar la calle, después de dos meses con la nueva medicación biológica, vuelvo poco a poco a sentirme un poco mejor, poco ya es mucho.
Seguiremos, no queda otra, ha veces me pregunto de donde saco las fuerzas para seguir y sinceramente, no lo sé, pero sigo.
Mi hija, también con un ingreso a primeros de año, por el que tuve que pelear como una leona, también tiene nombre de enfermedad autoinmune y ya lleva el primer biológico en pastillas, ha vuelto a la Universidad y ver como lucha día a día, hace que no pueda venirme abajo, seguimos luchando las mujeres de esta familia con lo que hemos heredado. Después de un test genético hecho a nosotras dos, no hay duda... mi hija si un día decide ser madre, ya podrán modificar en laboratorio el gen que tenemos "alterado".
A primeros de año, se fue Ibón, mi querido compañero, se fue como llego a mi, solos, en mis brazos se durmió, como cuando con un mes lo colocaron en mis brazos y llego a nuestras vidas.
A los cuatro meses llego Frida, nuestra pequeña de dos kilos, otro día escribiré sobre ella, solo deciros que todos la llamamos muchas veces Ibón...han sido dieciséis años junto a él...
Mi hijo y su pareja, hacen planes para este año que va a empezar, ampliar la familia es uno de sus proyectos y yo me acuerdo de mi madre que su deseo era ver a un hijo de su querido nieto y yo le decía: pues claro que lo verás, eres muy joven...!!!
Ha sido un año de personas nuevas en nuestras vidas, de decepciones, de alegrías y tristezas. De ver sufrir y luchar por su vida a personas que quieres entrañablemente.
Un año con sus luces y sombras, un año lleno de Vida y la vida es eso.
No pido nada, nunca pido nada, el año que está a punto de llegar pues nos traerá lo que tenga que traer y solo me gustaría seguir viviendo para seguir luchando y tratar de cambiar las cosas que no me gustan o que hacen daño a los míos.
Un año duro de recortes, un año en el que los Servicios Sociales me han expuesto la dura realidad, no hay ayudas, no hay dinero, la dependencia es...casi como un lujo. Y la enfermedad es cara, os lo puedo asegurar.
No podemos quejarnos, siempre pienso que todo puede ponerse peor. No tenemos más que ver la televisión y mirar las guerras, los refugiados, los niños explotados, sin familia, sin niñez, las mujeres asesinadas, los atentados, nuestros jóvenes sin espectativas de trabajo...
Bueno, quiero daros las gracias por leerme y si, os mando mis mejores deseos para todo lo que nos quede por vivir!!!
FELIZ AÑO 2017
viernes, 23 de diciembre de 2016
LA LOTERIA DE NAVIDAD
Ayer fue el día de la lotería, o el de la salud...
Pasé casi todo el día en el Hospital, como cada mes, durante un día.
Estando esperando, como siempre, los crónicos sabemos tanto de esperas...
En el Hospital de Día unos voluntarios de la A.E.C.C. que hacen un trabajo fabuloso, iban y venían con caramelos, té, café, chuches, para hacer más llevadera la estancia en ese lugar lleno de esperanzas y miedos. Una iba vestida de Papa Noel, y todos llevaban sus gorritos, iban dando alegría y repartiendo sonrisas, algo verdaderamente difícil, incluso para algunos de ellos mismos, pero, repito, hacen una gran labor.
Comentaban que no había salido el Gordo de la Lotería e iban y venían entre tratamientos, esperas y nervios.
A mi lado, esperando, estaba un señor de unos setenta años y me dice: oiga, si le tocara el gordo, que haría? me puede contestar?, no lo dudé un segundo y le dije: lo mismo que estoy haciendo ahora, esperar en el hospital para recibir el tratamiento, porque no puedo hacer otra cosa, nada más, no tengo fuerzas más que para llegar a ese sillón y empezar la sesión y llegar a casa y esperar que los efectos secundarios sean llevaderos. No podría salir de fiesta, no iría a ningún viaje, nada, excepto lo que estoy haciendo.
Me dijo: sabe que tiene toda la razón, señora. Yo tampoco podría hacer nada, en estos sitios, ante determinadas situaciones te das cuenta lo importante que es la salud, sin ella no podemos hacer nada.
Me habló de sus hijos y nietos, que el dinero los ayudaría y le comenté que eso también lo haría yo, miraría el futuro inmediato sin agobio, al tener un dinero, al poderte pagar ayuda, algo que con los recortes que hemos sufrido estos últimos años, la dependencia queda en manos de familia y el dinero...ha desaparecido en los bolsillos de muchos y algún que otro banco.
Hablamos de los hijos, del futuro incierto, de asegurarles un poco la parte económica y ya nada más.
A él lo llamaron enseguida y ya no nos volvimos a ver.
Ayer llevé esa pequeña conversación todo el resto del día en mi cabeza, hoy, en la cama y en el sofá, mis eternos acompañantes tampoco me ha dejado...
No juego a la lotería, pero sí, a la ONCE los viernes, y siempre he pensado lo poco que mi vida cambiaría. Atada a un hospital cercano, limitada para salir, viajar.
Luego lo he comentado con otra persona, también enferma crónica, por teléfono y me decía lo mismo: sin salud no podemos hacer nada. Y la salud, no se puede comprar.
Así, que como no nos tocó el gordo de la lotería de Navidad, seguimos soñando en dejarles a nuestros hijos un poco mejor el tema económico porque ya nada más podemos hacer.
Soñar, eso sí, pero movernos, poco.
En lugares así, como son los hospitales y ciertos lugares de los mismos, es donde de verdad vemos lo que somos, lo que importamos, lo que nos quieren y queremos.
Gracias al personal del Hospital de Día del Hospital Universitario Lozano Blesa de Zaragoza, que aunque con recortes y mucho menos personal, nos hacen sentir, personas y nos tratan con una humanidad tremenda, con sumo cuidado, como cuando buscan nuestras venas castigadas por tantos tratamientos, con una delicadeza y suavidad llenas de ternura.
Gracias a la suerte por tener Vida para seguir acudiendo a tratar de llevar nuestros días mejor, gracias por tener la inmensa suerte de poder seguir viviendo, gracias por poder decir que no nos ha tocado la Lotería de Navidad, pero que no importa. Gracias a ese desconocido, que en un lugar así, todos somos conocidos y reitero las gracias al equipo de enfermeras de ayer por la tarde en especial, y a todas ellas en general.
Por muchas Navidades, años y días, juntos!!!
lunes, 28 de noviembre de 2016
LIMPIAR CRISTALES
Hoy después de bastante tiempo, he limpiado los cristales de las ventanas de casa. Cuando los limpio, hago como un ejercicio de concentración, pienso y ordeno ideas, es un buen ejercicio, me concentro muy bien, es una tarea que me gusta, me ayuda a sentirme lejos de esas ventanas que limpio, me invita mi imaginación a otros lugares, o simplemente me ausento de la realidad que no siempre es la mejor de las compañías.
Hoy he "probado" mis manos y mis hombros, codos, han respondido no muy mal y al segundo cristal ya no sentía el dolor y me he podido dedicar a pensar, los pensamientos no los programamos, vienen, hoy curiosamente han venido a mi mente, las otras manos de otras mujeres que antes que yo han limpiado los mismos cristales, curioso...
He pensado en la bisabuela María, que tanto amor me dio y tanto me quiso, y tanto me marcó su vida y su forma de verla y vivirla, una mujer muy adelantada a su tiempo, una mujer hecha a sí misma, independiente, con su tienda, con esa carácter maravilloso que hacía que la quisieras solo con ver su eterna sonrisa y la capacidad de no juzgar a nadie y ponerse siempre en su lugar, dos cosas, francamente muy difíciles. Y veo sus pequeñas y regordetas manos, limpiando estos cristales...
Luego he pensado en la tía Conce, hermana de la bisabuela, otra abuela más. Diferente a su hermana, muy diferente, una mujer dura, difícil de carácter, con escasas sonrisas y un carácter agrio. Fue también una mujer muy fuerte, pero quizá la guerra, la muerte de su novio, vivir años de luto como casi una "viuda de guerra" la marcó, para siempre; luego, ya mayor se casó y no tuvo hijos, y vivió siempre con esa carencia, aunque los sobrinos y sus sobrinos-nietos fueron su familia y todo el amor que le quedaba fue para ellos. Y también limpiaron estos mismos cristales...
Luego vino la yaya Pilar, una mujer educada en la vida de una señorita de "casa bien", hacía labores y ayudaba en la iglesia. Una mujer que siempre tuvo ayuda en casa, hasta que los tiempos cambiaron, y se tuvo que adaptar, tampoco le costó mucho, más le costó, que sus padres no la dejaran estudiar para maestra, su verdadera pasión, aprender y enseñar. Junto con la de ser madre de muchos hijos. Sólo tuvo un hijo, no pudo tener más. Y siempre, incluso ahora a sus noventa años, lee todo lo que puede, sigue aprendiendo y he tenido en ella lo que para mí significa el amor de una madre y mis hijos el de una abuela. Siempre con sus brazos abiertos y sus labios para besarte. Y sus manos, limpiando estos cristales...
Luego he pensado en las manos de mi tía Alicia, mi madrina, mi querida tía Alicia, la quiero tanto, me quiere tanto...este septiembre nos abrazamos y fue volver a la infancia, casi todos los días hablamos por teléfono, ha cumplido ochenta años, sigue siendo guapa, y tiene una risa cantarina que alegra sólo con oírla, y sigue siendo guapa, muy guapa. Tiene esa cara de las personas que han sabido sacarle a la vida lo mejor en cada momento, aunque el momento no fuera bueno, o el mejor, siempre ha visto la manera de sonreír y seguir. Y limpiar estos cristales...
Luego llegaron las manos de mi madre, de la que me sigue resultando difícil escribir y pensar que no la voy a volver a ver...mi madre, todo lo contrario de las mujeres que anteriormente han limpiado los mismos cristales que hoy he limpiado yo, ha sido una mujer "de su casa" limpiar y mantener todo sumamente limpio, rayando en la manía...los últimos años me decía: niña, tienes los cristales muy sucios, yo le decía: mamá que buena vista tienes, yo no los veo... Han sido años, muchos, los que mi madre ha limpiado estos cristales, hasta que ya no pudo y tuvo que venir otra persona, pero ahora hablo sólo de las mujeres de la familia.
Y hoy mientras limpiaba los cristales, he ido viendo las manos de todas esas mujeres que me han precedido...con sus luces y sombras, con casi todo lo que soy, con un poco de cada una de ellas, una cadena de mujeres fuertes, todas ellas fuertes, con más salud que la que tengo yo, a mis años, ellas se comían el mundo y yo trato diariamente de que el mundo no me coma a mí.
Luego he pensado en las manos que vendrán detrás de mí...no me importa cuales sean, no me importará que estén los cristales resplandecientes o muy sucios, no me importará nada porque no lo veré.
Y he recordado el cuento de Natalia Ginzburg "Las tareas de casa" en este caso habla de fregar los suelos pero para el caso...he ido a la estantería y lo he buscado y allí estaba: La madre se pregunta si cuando ella esté muerta habrá alguien en la casa que todavía friegue los suelos"
No he sentido tristeza ni nada parecido, yo he disfrutado limpiado y viendo como resplandecía el sol en los cristales y pasando como en una cinta, una a una las mujeres que antes que yo, han limpiado las ventanas de la que ahora es mi casa. Curioso...
Nunca le he dicho a mi hija que limpie los cristales, nunca. Ya hará lo que crea conveniente con sus ventanas.
En mi hija confluyen las mujeres de las dos familias, el último eslabón, hasta ahora, una cadena de mujeres que van haciendo camino y dejando a su paso, un poso que no lo lleva el viento de esta tierra, ya que lo llevamos dentro de nosotras.
domingo, 13 de septiembre de 2015
REGRESO AL PATIO, Septiembre 2015
Buenos días, estos días que no he estado por el patio no han
sido por vacaciones, mi madre, después de seis días en coma, se fue
definitivamente el pasado día quince de agosto, de mi mano, las dos
solas, tal y como yo quería...mi hijo, su querido nieto se acababa
de ir, después de estar todas las noches junto a ella, al principio
hablándole, poniéndole a su querido Pavarotti, esperando una
pequeña respuesta que nunca llegó.
Por mucho que lo esperes y
que te lo digan todos los médicos nunca estas preparado, tienes que
aceptarlo, porque no queda otra y vivir el duelo, cada uno con su
tiempo y a su manera. Decir que estoy rota no es suficiente,
enfrentarme a la ausencia de mis padres es tremendamente doloroso.
Los últimos meses de vida de mi madre fueron lejos de su casa, en la
residencia y me duele muchísimo que tuviera que ser así...lo último
que hablé por teléfono con ella fue por la noche, y nos despedimos
con un beso y un hasta mañana, que nunca llegó o que sí llegó
pero que ella ya no lo sintió. Lo último que le dije fue que papá
la esperaba, para quien cree, es un consuelo, saber que te esperan
quienes te han precedido en este viaje que es la Vida.
Cada vez que entro en casa, ya me pasaba desde que el dos de
enero, día de su cumpleaños, sufrió el primero de sus múltiples
ingresos hospitalarios de estos meses, oigo su voz, una fuerte voz,
diciendo: Maribel, eres tu? Son recuerdos, voces, roces, susurros,
aromas, gestos, que están en el aire.
Sé que ahora duele mucho y que el dolor se aminorará, lo sé,
porque vivir así resultaría un no vivir. Poco a poco volveremos a
hablar de ella, a reír a recordarla como fue, lo que nos quiso y no
como ahora que nos duele solo al pronunciar su nombre. Ahora ya no
tengo padres, fisicamente estoy huérfana, pero soy rica en
vivencias, amor, gestos, la herencia que me trasmitieron y que yo a
la vez trasmito, y mis hijos seguirán la cadena...es la Vida, y como
pienso y creo que no se van mientras hablamos de ellos, cuando los
recordamos, pues hablaremos y los que no los han conocido lo harán a
través de nuestras palabras.
Hay que dejarlos ir, pero recordarlos, somos lo que somos y como
somos en gran parte gracias a ellos.
No sé cuando volveré al patio, no me siento con fuerzas, ahora
empiezo a salir de casa y volver a la rutina de mis pequeños paseos,
poco a poco espero volver a no ya ser la misma porque nunca somos
iguales cuando algo nos marca tanto, pero si a poder reír y
disfrutar del momento, porque ya lo sabía pero en esos días en el
hospital, donde debo decir que se portaron magnificamente todo el
personal del Hospital Clínico, dándonos la intimidad y el respeto
que la situación requería, me he dado cuenta que no somos más que
segundos, un segundo marca la diferencia entre la Vida y la Muerte, y
hay que seguir respirando y viviendo mientras tenemos Vida.
Quería daros las gracias y agradeceros de corazón, a vosotros,
los que con vuestras llamadas, mensajes habéis hecho que me sintiera
menos sola, con la ayuda de mi familia y de todos los que me quieren
espero salir de este momento tan duro.
Un beso
lunes, 9 de febrero de 2015
UNA SITUACION NADA FACIL
Por decirlo de una forma suave... El año ha empezado mal de salud para mi madre, no es que lo terminara bien, pero mejor que esta. No voy a entrar en si ha tenido mala atención, que tal o cual, tres ingresos en un mes, en su ya estado de salud delicado, precario, como los médicos me dicen, nunca lo había oído en salud, en tema económico, sí, pero así estamos.
Estos días de ambulancias, madrugadas en sillas de salas de espera, mascarillas, miedo, impotencia, dolor, muerte, de todo lo que hemos visto en esos pasillos te hacen recapacitar tantas cosas.
La verdad es que mi vida esta rodeada de enfermedad y hospitales, pero no estoy ni deprimida ni tan vulnerable como cuando es a alguien muy cercano y querido, como mi hija, hace un tiempo y ahora mi madre.
Mi madre que siempre ha tenido una mala salud, la que sus hermanos siempre recuerdan enferma, la que yo siempre la asocio a estar con depresiones y sin hacer nada, ni para ella ni para mi padre ni para mí, ni cuando era una niña. El primer día que hablamos con el Jefe de Servicio que es el que ahora la atiende, nos dijo una frase que dice mucho: Mujer enferma, mujer eterna.
Nos sonreímos, pero no es el caso, mi madre ha tenido la mente mal, pero su cuerpo funcionaba, ahora es cuando el cuerpo ya no responde, la cabeza va por libre, pero no la tiene nada mal, controla todo lo que ha ella le interesa.
Cuando te dicen que no anda ni se levanta porque no pone de su parte, cuando se niega a seguir un régimen de comidas y su salud, día a día va empeorando, te preguntas tantas cosas...
Ayer por la tarde pasé la tarde sola con ella, lo necesitaba...Pero es como una niña grande, de ochenta y dos años, los cumplió el día que ingresó la primera vez, y como una niña egoísta y caprichosa se comporta.
Reclama mimos y atenciones, reclama visitas, reclama medicamentos que no le dan, reclama comidas que no puede comer, reclama tantas cosas...es la eterna insatisfecha...siempre lo ha sido, pero ahora, cuando su vida es estar en la cama y tumbada en un sillón, ya no le queda nada más que seguir reclamando, y su egoísmo seguir fluyendo.
El médico de allí y su medico de Atención Primaria, ambos, le han dicho, que tiene que mentalizarse de que tiene que ir a una residencia por lo menos hasta que yo me restablezca de una operación que me tienen que realizar próximamente. No quiere ni oír hablar de ello.
Ayer estuvo toda la tarde dándome ideas y contándome sus planes para cuando salga del hospital y me operen a mi, nada que ver con la cruda realidad.
Necesita ayuda para todo, no pone nada de su parte para nada y ni siquiera se inyecta la insulina, necesita a un personal veinticuatro horas, algo que he estado haciendo estos días, entre ingreso y otro ingreso pero que no puedo llevar y menos cuando estoy sola con ella. Me dice que se juró no volver a una residencia, cuando hace unos años, se cogió un taxi y se fue de la que estaba junto con mi padre, y yo le digo que le dije que la cuidaría siempre que yo pudiera, pero no voy a poder, me duele tanto... No es una cosa definitiva son unos meses para recuperarme, pero es complicado, hoy el médico del hospital me decía que ella ha vivido su vida y ahora tengo que vivir la mía y cuidarme ante la enfermedad con la que convivo y los meses que me esperan. Que no es fácil, pero que hay que tomar una decisión.
La señora que nos ayuda en casa no es enfermera, una persona sola no puede cambiarla, bañarla. Hay tantas cosas que aconsejan que salga de casa, y luego hay tanta soledad en las residencias, cuando mi querido papa tuvo que ir a una de ellas, poco importaba, porque no sabia ni quien era, ni donde estaba, y aun así resulto tremendamente doloroso.
Sé que una madre jamás lo haría, pero si no pudiera cuidar de su hijo lo tendría que hacer, ese es mi caso pero al revés.
Mi cabeza no para desde hace más de un mes...Otra madre ayudaría, diría que pensara en ponerme mejor, pero ella no, ella me acusa y me recrimina, con palabras, actos y miradas.
De momento, espero que vuelva a casa, en palabras médicas, mejor de la diabetes pero peor de su estado general, y luego veremos pasar los días, y tome la decisión que tome, no será fácil, en estos momentos, como en otros, necesito un hermano o hermana para compartir lo duro y también lo bueno, pero así son las cosas, sola me vi ante la muerte de mi querido padre y sola me veo ante el deterioro y enfermedad de mi madre, nadie me puede ayudar. Los centros de día están desaconsejados por su oxigeno que lleva veinticuatro horas. Y tantas cosas...que no quiero pensar en ellas, si algo tiene de bueno esta situación es que casi no pienso en la operación que me espera, incluso se me escapan fechas para las pruebas. Ni en como serán los días y meses sin la medicación biológica que ya he suspendido para poder tener otra vez defensas.
Pero todo se tiene que arreglar, yo entraré en el quirófano mucho más tranquila si sé que mi madre, esta bien atendida aunque sea en un sitio que no es su casa y al cual no quiere ir. Espero que este tiempo que podamos estar juntas en casa, los médicos se equivoquen y recupere, tanto, tanto, como para estar tan mal como estaba antes de estos ingresos, que era mucho mejor que como se encuentra ahora.
Tantos días en el hospital conviviendo con varias familias, una abuela a la que la nieta le estaba dando la comida en la boca, decía que quién se lo iba a decir...y la nieta le contestó: y tu cuantas veces me lo has hecho a mí... y justamente leí esta poesia.
El otro día leía una poesía de Begoña Abad y me permito compartirla en mi querido Tintero
-
ANÁLISIS
A ella le acaban de sacar sangre,
sujeta un algodón en su brazo.
El hijo le sujeta a ella...
el abrigo, la bufanda, el bolso, las gafas…
¿Tomaste por fin la pastilla ayer?
Hoy no puedo acompañarte a la consulta,
dile al médico que por teléfono,
si tiene algo que decirte, podemos hablar.
Ayer tuve un día tremendo, tenemos dos de baja,
uno de vacaciones, tremendo, tremendo…
Me pisaron una noticia que tenía que haber dado yo
la dieron otros antes…
Me supo mal ¿sabes?, estuve todo el día enfadado,
enfadado conmigo, conmigo…
Que no pasa nada, me decían, pero sí pasa, sí pasa…
¿Cómo andas de naranjas?
La madre se mira, sin prisa,
el pinchazo por donde salió la sangre,
la vida… Sólo eso.
"A la izquierda del padre" ed. La Baragaña.
Mi contestación fué que todos los
hijos lo hemos hecho alguna vez y a nosotros ya nos lo hacen...que la
Vida es una cadena.
sábado, 13 de diciembre de 2014
LA NAVIDAD
Cuando llegan estas fechas, hay en mí una especie de desasosiego. No me gustan estas fiestas, no me gustan desde que he crecido, no me gustan desde que sé que los reyes magos no existen, no me gustan desde que sé que las familias no son tal, no me gustan desde que papá se fue...él que tanto le gustaban las fiestas.
Hay una excepción, cuando mis hijos han sido pequeños, entonces he sucumbido a todo, paseos, luces, árboles, belén, carta a su majestades, fotos... todo. Pero ya no es así, crecen y la “magia” se va con la edad.
No obstante todos los años adorno la casa con pequeños detalles, ángeles y estrellas, los primeros están siempre presentes, y un nacimiento comprado hace muuuchos años en un viaje a Venecia, luego pequeños regalos, cositas que encuentras como por casualidad, llegan a tus manos y te las llevas. Nada de gran valor pero soy una sentimental y tienen ese valor para mí.
De todas esas cosas, tengo un pequeño árbol de papel maché que desde que era pequeña veía en una joyería de mi barrio, me gustaba, me atraía...y hace unos años, la tienda cerraba y entré, compré algunas cosas y ya me iba cuando me volví y pregunté pensando que la señora iba a pensar que no estaba bien de la cabeza, por el árbol que siempre adornaba el escaparate...La señora, para sorpresa mía me dijo que sí, que lo tenía dentro, que no tenía ningún valor, que si lo quería me lo daba...le dije que para mí tenía el recuerdo de muchas navidades pegada al escaparate, pero que me pusiera un precio, nada, me lo llevé a casa, le dí las gracias muy agradecida y aquí esta!!! cuando lo miro vuelvo a ser esa niña con coletas que miraba la magia de sus estrellas.
Hoy cuando he comentado esta historia, me han dicho que parece un gran pastel de merengue, no me había dado cuenta, pero es verdad!!! y curiosamente me encanta el merengue como a mi padre, el cual me lo compraba a escondidas de mi madre porque me quitaba la gana de comer. El mejor regalo de dulce para él era un merengue, siempre que como alguno, cada vez, menos, siempre me acuerdo de ti, querido papá.
Este año por muchos motivos, me negaba a adornar la casa...Mi madre me dijo que comprara una flor de Pascua para poner “color” y es lo único que había, pero hablando con Lola, mi amiga-cuñada, en ese orden, porque el primero nunca dejará de serlo y el segundo, no se sabe, me decía que hay que adornar la casa, que lo que nos produce alegría no hay que renunciar, me ha mandado un montón de fotos de su casa y me he decidido, ya esta todo puesto, y mañana por la mañana recorreré alguna tienda para descubrir alguna “sorpresa”.
Le he dado las gracias porque mi madre se ha alegrado, mi hija cuando ha venido también, y yo mientras he desenvuelto las cosicas estaba feliz, y ahora cuando las miro, me alegro de haberlo hecho.
Siempre pienso cuando guardo los
adornos, sí podré ponerlos en Diciembre, por eso mismo, porque he
podido este año, los he puesto.
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