domingo, 16 de noviembre de 2014

LA VIDA ERA ESO...



Ayer recordé este título de la novela de Carmen Amoraga, magnifica, para mí, en la que al final la protagonista se da cuenta que la vida era eso...lo que pasa mientras vivimos, y que en cualquier momento, desaparece sin darnos cuenta.

Ayer por la tarde mi madre sufrió un desvanecimiento, y dada su edad y su estado de salud, el susto fue muy grande, una UVI móvil con cuatro sanitarios volaron en poco más de cinco minutos para atenderla y poder recuperara. Lo consiguieron y nos fuimos las dos con ellos hacía el Clínico, lugar que voy a nombrar mi segunda residencia...

Una vez allí te das cuenta de lo efímero que es todo y de la poca importancia que tiene casi todo, allí estamos un persona acompañando al paciente y con miedo de que nos digan algo que no queremos aceptar ni oír...

Por si fuera poco, se produjo un momento de tensión porque vimos a los “famosos” trajes del Ébola y se puso en marcha el protocolo, pero allí estábamos todos, sin protección, algún enfermo llevaba mascarilla, por supuesto, yo llevaba la mía. Al final fue un susto, Malaria. Pero los nervios durante un rato y la intranquilidad y la inquietud fue grande.

Cuando mi madre se empezaba a recuperar, las dos solas, ella en una camilla y yo en una silla de ruedas porque todo estaba lleno, me dijo que no se había dado cuenta que se iba...que la vida es eso... Y recordé la novela y la frase.

La vida era eso, ni siquiera es, porque cuando acaba y ya no te das cuenta, es, era...mi madre tuvo la suerte de volver y darse cuenta.

Después de varias horas, volvimos en otra ambulancia a casa y ahora aquí esta, como una flor de invernadero, pero en casa, antes estaba sujeta por alfileres y ahora, los doctores dijeron que se le habían roto varios alfileres.

La vida es esto, vivirla mientras podamos, disfrutar de los buenos ratos, porque los malos llegan sin avisar, hacernos la vida más agradable unos a otros, dejar vivir y vivir, poco más.

Anoche, tuve miedo. Un miedo diferente al que siento cuando yo estoy mal, o mi hija, anoche, sentí el escalofrío de quedarme sin ella, mi madre, y recordé lo que sentí al irse mi padre y pensé que con mi madre sería, llegado el caso, más “fácil”, NO, anoche, me sentí más unida a ella que en muchos años, quizá solo he tenido un momento así de íntimo y fue cuando nació mi primer hijo y con él en brazos, mi madre me dijo: cuanto se quieren, verdad, hija mía? Entonces comprendí lo que ella me quería, aunque es una persona que no haya sabido exteriorizar mucho ese amor, lo siente.

Ahora la veo más débil, más dependiente, la siento un poco más alejada de la vida, pero mientras tengamos vida, vamos a vivirla!!!

Es lo que único seguro que tenemos, el momento, porque en un momento, casi pierdo a mi madre, hablando con ella...en casa, tranquila, en su sillón y viendo su programa de televisión.

Esta noche he velado su sueño igual que ella ha velado el mio muchas veces, la vida se da la vuelta y ahora nosotros, los hijos, somos los que cuidamos de ellos, nuestros padres, mi madre poco dada a sentimentalismos, anoche decía que pensaba en los ancianos que viven solos, que si ella hubiera estado sola, quizá no hubiera despertado. Yo la besé y le sonreí.


domingo, 2 de noviembre de 2014

LAS MANOS




Desde que he llegado a Zaragoza, bien sabéis de mis pequeños paseos, y de mis grandes ratos sentada en los bancos de las plazas y paseos que rodean el piso, sin alejarme mucho.

Hay una actitud de las parejas que me llama mucho la atención y es si van de la mano o no.

Es raro la pareja que ves de la mano, cuando la veo, siento que tienen una comunicación especial, no importa los años, si son muy jóvenes, no me vale la referencia...Sobre todo me fijo conforme los años se suman.

Hay especialmente una pareja mayor, ambos con achaques, él va en silla de ruedas y ella lo empuja, van muy arreglados y hacen todos los días que coincido con ellos un ritual que me tiene embobada y me hace creer en el amor.

Cuando llegan al banco, muchas veces el señor se levanta con dificultad de la silla y se sientan juntos en el banco, alejando un poco la silla de ruedas, pero ellos inmediatamente, juntan sus manos.

El otro día aún fue más especial, ella acerco la silla al banco ya que el señor no se levantó y la puso enfrente de ella, se cogieron las manos y se empezaron a mirar a los ojos, como si el mundo no existiera, solo ellos, no se fijaban en nada ni en nadie, solo ellos, hablaban, sonreían, incluso se acariciaban la cara con una extrema suavidad.

Casi me parece un sacrilegio observarlos en su mundo, lo hago con disimulo, con las gafas de sol, pero no importa, no reparan en nada, solo existen ellos.

Pensar que no sé los años que llevaran juntos, pero desde luego se aman y no están cansados el uno del otro. Cuando una pareja habla y se toman de la mano, se ama.

Volví a casa triste y alegre, con una extraña sensación de felicidad y de tristeza, no sé explicarlo.
Pero me alegro infinitamente por ellos y no puedo imaginar lo que puede llegar a sentir uno de los dos cuando el otro falte...

Las manos, esas manos que trasmiten tanto, esas manos que necesitan los niños para crecer con felicidad y amor, los enfermos para sentirse comprendidos, los ancianos para sentir que los seguimos queriendo, esas manos que TODOS necesitamos. Y que no todos están dispuestos a dar...

Una mano amiga, una mano de tu pareja, una mano...dicen tanto sin hablar, el lenguaje de las manos... es maravilloso

Luego en una conversación telefónica, comenté esta pequeña historia que había vivido el viernes por la mañana y esa persona me contó una historia que vivió y que también tiene un gran valor para seguir creyendo en el AMOR con mayúsculas.

Estando en verano en la playa, observó que se acercaba una pareja, de unos cuarenta años, ella en silla de ruedas y un niño de unos diez o doce años.

Cuando llegaron a la zona de las hamacas, él hombre le paso el brazo por el cuello de ella y la levantó con extremada delicadeza para depositarla como el bien más preciado, en la hamaca, cuando ya estaba instalada, con su mano, le levantó la barbilla y la besó con suavidad.

Esta persona sintió lo mismo que yo al observar a la pareja de ancianos.

Hay gente que tiene suerte con sus parejas y que ni la edad ni la enfermedad acaba con su amor, quizá porque es amor de verdad, y los problemas no alejan al otro, sino lo acercan más.




TUS MANOS
 
Cuando tus manos salen,
y amor, hacia las mías,
qué me traen volando?
Por qué se detuvieron en mi boca,
de pronto,
por qué las reconozco
como si entonces antes,
las hubiera tocado,
como si antes de ser
hubieran recorrido
mi frente, mi cintura?
 
Su suavidad venía
volando sobre el tiempo,
sobre el mar, sobre el humo,
sobre la primavera,
y cuando tú pusiste
tus manos en mi pecho,
reconocí esas alas
de paloma dorada,
reconocí esa greda
y ese color de trigo.
 
Los años de mi vida
yo caminé buscándolas.
Subí las escaleras,
crucé los arrecifes,
me llevaron los trenes,
las aguas me trajeron,
y en la piel de las uvas
me pareció tocarte.
La madera de pronto
me trajo tu contacto,
la almendra me anunciaba
tu suavidad secreta,
hasta que se cerraron
tus manos en mi pecho
y allí como dos alas
terminaron su viaje.

Pablo Neruda



miércoles, 24 de septiembre de 2014

IBON, MI QUERIDO COMPAÑERO


 
 
 
Eso es lo que eres para mi, nadie, me ha acompañado y ha estado a mi lado, incondicionalmente, día a día, durante quince años menos un mes, a día de hoy.

Día a día, llegaste a casa, con un mes, sin apenas caminar, solo dormías como un bebé, no podías subir las escaleras.

Deprisa creciste y te convertiste en mi querido compañero, íbamos juntos a todos los sitios...

Llevas unos días malos, después del gran susto de hace dos años. Por la mañana cuando me levanto, voy y te miro, a veces duermes y no me sientes llegar, otras me estas esperando, llevas días que hay que recoger pis y pas y es que no estas bueno...

Hoy cuando has venido a mi habitación me has mirado de una forma diferente, con tus ojos con cataratas te has echado enfrente de mí y no has apartado la vista de mi cara, de mis ojos, que querías decirme? Que estas malo, verdad?

Poco puedo hacer, excepto aliviarte el dolor y dolor no tienes.

Te he hablado y te he dicho, que si te acordabas de nuestros años juntos, de todo lo que has hecho por mí...seguías mirándome sin apartar tus ojos de los míos.

Te he recordado nuestros numerosos viajes al colegido de la niña, siempre el primero para subir al coche. Nuestras compras, siempre a mi lado, como me esperabas en el coche mientras iba a mis clases de gimnasia. Nuestros paseos, nuestras películas en el sofá, juntos, siempre juntos. Nuestros numerosos viajes, tantas vivencias, siempre conmigo.

Te he seguido hablando, recordándote nuestros años juntos, la gente que te ha querido y ya no esta, otros que han venido, las casas en las que hemos vivido...los lugares que hemos recorrido, y tu seguías con tu fiel mirada clavada a la mía...Nunca olvidaré este momento.
 
Como olvidar tu compañía en mis malos días, siempre a mi lado, aún ahora que estas malo, cansado, viejecico, cuando me acuesto y no es la hora de la siesta o la de dormir,vienes y te pones en el suelo, a mi lado, dejas tu cojín y te vienes conmigo, algo me pasa y tu lo notas...

Como poder pagarte todo lo que me has dado y me sigues dando? Con nada podría hacerlo, jamás, por mucho que haga por ti, nunca será suficiente.

Te digo que te quiero y sigues mirándome con esos ojicos azules, como el cielo, que con los años se han convertido en grises, más apagados. Pero que trasmiten el mismo amor que siempre.

Ahora no me enfado contigo, como cuando eras un cachorro, ahora se recoge lo que no puedes retener y no pasa nada, pero no obstante, te pegas a mí y me pides una caricia como pidiendo perdón porque has hecho algo que no esta bien, que tu no quieres hacer.

Y a mí solo me queda acariciarte. Hoy, creo que por primera vez te he llamado para que vinieras a mi lado mientras nos mirábamos y teníamos esta conversación con una voz y cuatro ojos, y no has venido, he entendido que te quedaban pocas fuerzas y estabas cansado, me he levantado y he ido a tu lado. Mi mano te ha recorrido y tus ojos se han alegrado.

Te quiero, te lo digo una y otra vez. Y siempre te llevo conmigo, sé que cuando no estés nunca me dejarás, como olvidar todo lo que me has dado y todo lo que has hecho por mí? Nunca, jamás, Ibón, mi querido compañero.

domingo, 14 de septiembre de 2014

LA TERRAZA




Desde mi vuelta a Zaragoza, la terraza de un bar del paseo, la única que esta cubierta, y nos tapa del largo invierno, y del sol impenitente en verano, es donde me gusta observar a la gente y donde veo pasar continuamente a las gentes del barrio. Y me permite ver a las que se sientan en las otras mesas.

Poco a poco ya hemos hecho un “grupo” de fijos. Si no los ves te extrañas, o cuando te vuelven a ver te preguntan, ahora a mi vuelta a todos les ha sorprendido lo bien que camino, y me lo dicen y se que lo hacen con alegría, no conocen ni me enfermedad ni me nombre, pero se alegran de verme caminar tan bien.

Aparte de la gente que va y viene de la terraza, y como gran observadora de las personas, imagino lo que son, que hacen, imagino su vida, probablemente nada acertada pero es un ejercicio que siempre me ha gustado.

Los fijos ya tenemos el sitio y nos “conocemos”, esta el señor solitario, muy educado, mayor, que se toma al filo de la doce, dos o tres whiskys, que le encanta hablar, fue emigrante en Francia y ha viajado por casi todo el mundo, oírlo hablar es una maravilla, te descubre lugares, comidas, costumbres, y siempre te quedas con ganas de saber mucho más. Él lleva el horario francés, así que mientras los demás estamos con el aperitivo él esta ya con el licor...mucho licor, pero jamás lo hemos visto en malas condiciones, un hombre solitario que siempre nombra a su esposa pero nunca le acompaña, que tiene una casa, dice, en un Valle pegado a España, frontera con Benasque y que ella es de allí, y Zaragoza no le gusta...

Están también una pareja con un perrito, la mujer siempre se dirige a él como: mamá te quiere, mamá, tal o cual...habla mucho más con el perro que con el marido pero muuuuucho más y por supuesto el que lo pasea es él y el que compra también, ella sale de casa como un figurin, ya bastante ajado, pero si así es feliz...no sé si lo será el marido, pero...

Tenemos también una pareja de mujeres, siempre hablando bajito, con gestos de amor, ya tienen cierta edad, pero no les importa, y hacen bien, lo que piensen los demás o que las miren. Muchas veces acuden más amigas y hacen un gran corro con risas y conversaciones, me gustaría unirme a ellas, se ve que lo pasan bien y que tienen todas una conexión especial.

Luego esta una señora sola, que siempre quiere hablar con cualquiera, que ama a los perritos y que añora a su querida perrita que ya se fue, pero que no quiere tener otro perrico porque es mayor y si se pone mala, que pasará con él?, pero siempre tiene una sonrisa y un gesto para cualquier perro que pase por su lado.

Luego viene un hombre solo, con todos los periódicos, se toma un café, saca una preciosa pitillera y se pone a fumar y a leer, va sumamente arreglado, con unos ademanes elegantes y delicados, no mira a nadie, y cuando termina de leer, se va, es el único que no saluda cuando llega y no se despide cuando se va...

Los demás nos saludamos, y nos despedimos al irnos.

Luego están los camareros, una mulata preciosa de Santo Domingo, un hombre calvo, ya cansado de tantos años de trabajo, muy profesional y la dueña del local, los tres se ocupan de la terraza y del bar, cuando te ven llegar ya con un gesto saben lo que quieres, sobre todo a mí, que me encantan sus croquetas de bacalao, me dicen con una sonrisa cuando tienen y cuando no, con un gesto de lamento...

Luego hay “personaje” que nos tiene por decirlo de una forma suave...intrigados.

Es el marido de la dueña. Esta siempre por allí, pero no hace nada concreto, no lo mires para pedirle algo, porque su mirada automáticamente se desvía hacía otro lugar.

De vez en cuando saca bolsas de basura, pero si tiene cuatro bolsas, hace cuatro viajes, al contenedor que esta muy cerca.

No habla con nadie, tampoco facilita el trabajo de los demás, retirando alguna mesa o cuando alguien se sienta, avisándoles...nada, no obstante todos los días, y digo todos sin excepción, hay una tarea que hace sistemáticamente...

Sobre las doce del mediodía, haga sol, llueva, sea invierno o verano, baja los toldos de la fachada del local...A veces la mujer sale y le dice algo...pero no hace caso los toldos se quedan bajados.

Y también hace en invierno otra cosa, que es “fastidiarnos” a los que estamos dentro de la terraza..y es según le parece, sube los plásticos, aunque haga un frío del carajo y estén las estufas encendidas, o los tiene completamente bajados, pegando un sol terrible y asandonos...Si alguien le dice algo, no contesta, no sabemos ni su tono de voz.

Tenemos la duda de que sea sordo, o como decimos aquí: que le falte un agua, menos mal que a la mujer, le sobran tres o cuatro, (aguas) siempre esta al “quite”.


Y hay una cosa que me gusta de esa terraza, aparte del Somontano blanco, fresco, que siempre sirven en copa, ya que no soporto el vaso para el vino, es la familiaridad que poco a poco, sin darnos cuenta hemos conseguido, en una Ciudad que nadie se conoce, allí tenemos un pequeño reducto, de gentes que vamos a disfrutar del momento y que nos alegramos de vernos unos a otros.



sábado, 23 de agosto de 2014

UNA NUEVA ETAPA


 

Después de años de luchar diariamente contra una enfermedad que se quiere apoderar de mi cuerpo y mi vida, y de no ponérselo fácil, por fin, después de luchar contra el nuevo Departamento de Reumatología del hospital donde me tratan, después de tantas cosas, llevo seis meses, que se dice pronto con la nueva medicación.

Mi vida ha dado un giro casi de 180º grados, no estoy bien, nunca llegaré a estarlo, pero estoy como no recordaba, y desde luego la silla de ruedas ha desaparecido de casa y el bastón, mi querido bastón hace dos meses que no lo uso.

Ahora solo tengo una fecha en mi cabeza, la del próximo biológico, el tratamiento que cada 28 días, inyectan en mis venas y consigue que empiece a ver la vida de otra forma.

Nunca me he dejado vencer, nunca, pero cuando necesitas ayuda para todo, el mundo se viene encima de ti, cuando prefieres no salir de casa por no vestirte, porque no puedes salir sola, cuando no te puedes levantar de la cama... porque necesitas ayuda para todo...es mejor quedarte en casa con la compañía de tus libros y tu música.

En mi caso, mi lucha es mayor porque trato de disimular mi dolor ante los demás, no quiero causarle daño a mi madre, mayor y enferma.

En estos meses, los dos primeros fueron malos, los cuatro siguientes, han venido con unas infecciones, hasta ahora, controladas, ya que me quedo sin defensas y cualquier virus puede atacar...

Tengo mucho miedo, si dijera lo contrario mentiría...tengo miedo a que me pase como hace doce años y tener que dejarlos.

Tengo miedo a que un día una complicación mayor tenga una respuesta negativa para mi vida.

Tengo miedo, sobre todo, después de que un shock anafilactico, casi me mata, hace cuatro meses, cuando una Uvi Móvil y dos médicos y dos enfermeras, lucharon en el salón de casa, para que no me fuera...Tengo que dar las gracias a todo ese equipo de profesionales y luego el trato en el hospital. Todo se quedó en un gran susto y en unas pruebas para alergias a los medicamentos.

Mi cuerpo a cambiado, y ahora me puede sentar mal lo que antes no lo hacía.

Voy perdiendo el miedo a ir a sitios cerrados, por lo menos en verano, en época de gripe, hay que guardar más cuidados, mascarillas, y evitar contactos. El otro día fui a un bar, y subí en un autobús, hacia años que no lo hacía!!!!

Poco a poco mi vida se va reconstruyendo como un puzzle pero sé que nunca estará completo.
Mis dolores se han atenuado, pero del mes varios días los tengo que pasar en casa, sin salir, para poder seguir. Mis miedos, los que no puedo compartir con nadie porque me dicen, que porqué.

Los expongo aquí, sé que quien me lea y siga estos tratamientos, me entenderá. No quiero la pena de nadie, solo que me dejen expresar el porque cuando falta una semana para el tratamiento, me pongo muy nerviosa, mucho, solo pienso en el día, en sí todas las pruebas a las que me someten a lo largo de esos veintiocho días estarán bien, y si me dirán que puedo ponérmelo.

La noche anterior al tratamiento, no duermo...me levanto, voy, vengo, veo amanecer...y solo quiero sentirme una niña y que unos brazos me protejan y me digan que nada me va a pasar, pero me ducho, me pinto la raya del ojo, me arreglo, y voy a por el tratamiento. Incluso este mes pasado una de las doctoras del Departamento, me dijo que no me reconocía, de verme en la silla de ruedas y ahora ver como voy...le dije que con ese dolor y limitación pasan los días, no se vive. Y ahora empiezo a vivir.

De otra forma, de otra manera, con otras cosas, pero vivo, sigo diciendo NO a muchas cosas, cosas que nunca recuperaré pero otras las he vuelto a reencontrar.

Cuando tengo la autorización del especialista, voy al Hospital de día y empieza el tratamiento, todos me dicen lo que he cambiado en estos pocos meses...


Luego cuando la aguja entra en mis venas, casi no me muevo ni respiro hasta que no llevó la mitad dentro de mi cuerpo, entonces ya me relajo y digo: ya casi esta...ha esperar el siguiente y que este mes sea llevadero, que no me ataque nada grave. Y así un mes tras otro.

El especialista, nuevo, fantástico, humano, genial, me dice que respondo sorprendentemente bien al tratamiento, mejor de lo que esperaba y más rápido, que aún tengo que mejorar, me conformo con estar así, pero eso es cuestión de pruebas y resultados.

Salir a caminar por mis calles, alejarme del barrio, recorrer la ciudad, poco a poco pero sin ayuda y sin pensar en donde esta el siguiente banco, es un placer infinito, como ducharme sola, vestirme sola, hacer las cosas de casa sin ayuda.

También es verdad que el reumatólogo me dijo que me ponía el tratamiento para tener una mejor cálida de vida no para trabajar más, pero...

Soy feliz, con mis peros, pero feliz, no pensé que en seis meses pasaría a estar como estaba y encontrarme como estoy, casi he perdido doce kilos, la cortisona casi ha desaparecido, aún sigo con una dosis mínima, los antiinflamatorios, se dan en días puntuales como el paracetamol. Y las demás medicaciones ya no están.

Tengo miedo, pero voy a ponerme el tratamiento con la ilusión y esperanza que ese mes será igual o mejor que el pasado y así van pasando los meses, contando los días para el siguiente biológico.

domingo, 17 de agosto de 2014

QUERIDO PAPA:


 Hoy hace tres años que te fuiste...me parece mentira, tantos días sin tus abrazos, sin tu voz, sin tu compañía, sin tu amor incondicional. Hace tres años que no te llamo, que no te abrazo, que no te beso, que no siento tu calor, que no hablamos, bueno yo si te hablo, pero no me contestas...Te quiero tanto. Sé que soy afortunada porque te he tenido cincuenta y dos años de mi vida.

 Pero nunca es suficiente teniendo un padre como eres tu, lo digo en presente, porque siempre estas a mi lado, sin ir más lejos, el pasado día quince, preparé la comida que tanto nos gustaba a los dos, y volví a poner un plato y un cubierto más a la mesa...Todos los días desde que te has ido pienso en ti, cierto es que me duele menos, que me quedo con lo mejor, que trato de olvidar los últimos tiempos en los que tus recuerdos nos habían borrado, pero estas a mi lado, nadie me ha abrazado como tu, llegar a casa y abrir la puerta y estar tu sonriendo y con los brazos abiertos, llegaba al hogar, nunca más he vuelto a percibir esa sensación. Eso es lo que yo quiero darles a mis hijos, esa sensación de hogar, de amor, de calidez, y que nunca me olviden como yo no te olvido a ti. en tu caso, nadie te olvida, todos hablamos de ti. A veces hablando con mamá le digo que en estos tres años te has evitado muchos sufrimientos...la misma enfermedad cruel que tu tenias, la padece tu querida hermana, tu primo, tu compañero de juventud, se ha ido, tu hermano mayor, esta muy solo y enfermando día a día, mamá esta delicada, mucho más que cuando te fuiste, tu nieta, sigue luchando contra esa enfermedad que no tiene nombre, pero es una gran luchadora y sale adelante, tu nieto sigue sin trabajo, pero este curso pasado durante un mes, hizo su sueño realidad, se convirtió en profesor de unos chicos de Instituto, y le gustó, ahora espera que este año aunque sea de interino tenga plaza y pueda seguir haciendo realidad su vocación. Han llegado personas nuevas a nuestras vidas, algunas nos marcaran para siempre, han llegado a nuestros corazones, tu no las conocerás, pero ellas a ti si, porque les hablamos de ti. Tu guitarra tanto tiempo sin sonar, ha vuelto a la vida a través de las manos del amor de tu nieto y él mismo empieza a tocarla, vuelven a sonar rancheras en mi voz, esas rancheras que tu me enseñaste. Ahora hay unos tiempos oscuros, sé que si tu estuvieras, no habría tal oscuridad. Pero también sé que pasará y que donde estés, estarás feliz por todos. Vuelvo a caminar y pasear, algo que me gusta tanto como a ti. Tu casa me acoge, tu llavero me acompaña y lo toco de vez en cuando y sé que lo has llevado entre tus grandes y fuertes manos. La vida sigue, eso lo aprendí cuando te fuiste, que ha pesar del dolor, todo seguía...recuerdo que a las siete menos veinte me desperté muy sobresaltada...y un cuarto de hora después me llamaron del hospital. Entre en la habitación y pensé que dormías, no quería o podía comprender lo que había pasado. Siempre he querido creer que en ese último momento pensaste en mí, por eso me desperté. Te quiero papá, te quiero tanto que me duele. Seguiré viviendo con tu ausencia, quiero que sepas que intento cada día ser mejor persona, como tu me enseñaste, procuro no hacer daño a nadie y cada vez estoy más sola, no te tengo, no puedo cogerte del brazo y hablarte bajito, despacio y tu con esa voz calmada, me comprendías y me decías que todo se arreglaría, que era cuestión de tiempo. 
 
Hoy no es un buen día, no he dormido, he soñado contigo, sueño pocas veces, pero siempre estamos en nuestra casa, la anterior a esta, en la que crecí, y tu estás feliz, ríes y yo también, mi mundo estaba protegido y cuando despierto me encuentro con la realidad. Ahora soy yo la que tengo que apoyar y dar fuerzas y sacarlas de donde no tengo, pero las saco y sé que estarías orgulloso de mí, como siempre lo has estado.

Te quiero papá
 
 
 
 
 
 
 
 
 


viernes, 18 de julio de 2014

LAS MIRADAS...




Después de un tiempo con la “tinta seca” he decidido empezar de nuevo este blog con el artículo que leí ayer de Almudena Grandes.


Ella lo llama el instante decisivo...ese instante en el que dejas atrás todo y empiezas el futuro con mucho miedo, pero lo empiezas. Pero me quiero centrar en las mujeres que no se deciden a dar ese paso...por muchas razones y motivos, los cuales no merecen reproches sino comprensión y desde luego lo que menos merecen son las miradas cargadas de reproches de los que más tendrían que apoyarlas...no es fácil, nada es fácil, ¿Quién dijo que la vida era fácil..?

Normalmente no sabremos jamás los motivos de esas mujeres que no se deciden a dar el paso...podemos imaginarlos pero nunca jamás ponernos en su piel...ni en sus miedos.

No son cobardes, son supervivientes.


Aquí os dejo el artículo que os he comentado arriba y me ha llevado a esta pequeña reflexión, no pido comprensión pero si respeto y ayuda hacía esas mujeres que no les resulta nada fácil, abrir la puerta y dejar todo, y no precisamente material.





EL INSTANTE DECISIVO de Almudena Grandes, publicado en El País Semanal el día 13 de Julio de 2014, y que no me deja copiar y no tengo impresora, así que lo copio.



Calculó que eran las cuatro de la mañana, y giró la cabeza muy lentamente para mirar la hora en el despertador. Los números verdes marcaban las 3.58, pero al comprobarlo no hizo ningún movimiento, aún no. Él debía de estar durmiendo, pero ella se fiaba tan poco de su sueño como de su vigilia, así que esperó un poco más, y a las 4.02 le rozó con la mano para que le diera la espalda y dejara de roncar. Sólo entonces, muy despacio, sacó la pierna izquierda de la sábana y la hizo descender hasta que su pie tocó el suelo. Cuando logró levantarse sin hacer ruido, los números ya habían llegado a las 4.11. Todavía avanzarían tres minutos más antes de que lograra escurrirse por la puerta de su dormitorio, que al acostarse había dejado entreabierta.



A la hora de comer, él había llamado para anunciar que no iba a pasar por casa. He quedado a cenar con Fernando, ya sabes que está muy deprimido, como le acaban de despedir y...Y que te quiero mucho, cariño, muchísimo, más que a nada en el mundo, ya lo sabes, perdóname porque te quiero, es que me vuelvo loco de cuánto te quiero...Ella ya estaba acostumbrada a esas llamadas, las explosiones de amor que sucedían a las otras, el tono de voz meloso, compungido, que casi la hería tanto como los golpes de la noche anterior. Siempre era así, siempre igual, porque él no podía volver a casa como si tal cosa, no podía sentarse a cenar con ella, ver la televisión, hablar con los niños, y por eso, siempre, después, salía con sus amigos y dejaba pasar un día entero antes de volver a ser el de antes, el hombre con el que se había casado. Siempre era igual, pero aquella vez todo sería distinto.



Lo había pensado centenares de veces, pero siempre había creído que sería incapaz. Y sin embargo, aquel día comprendió que iba a hacerlo, porque él llegaría tarde y borracho, porque su hijo mayor estaba en un campamento, porque la niña se había ido a pasar unos días con su hermana, porque sí se ponía un vestido estampado, de tirantes, él podría confundirlo fácilmente con un camisón, porque le bastaría salir de la habitación y ponerse unas chanclas para echarse a la calle, porque tenía que hacerlo, porque no podía más, porque tenía que irse, porque se iba...



Y se fue. Había escondido las zapatillas debajo del sofá, y una nota para explicarle que había puesto una denuncia contra él por malos tratos y que no le convenía perseguirla, detrás de la panera. La dejó en la mesa baja del salón confiando en que su marido no lograra localizar la casa de acogida en la que iba a refugiarse antes de que la policía le hiciera una visita. Al salir de la comisaría, había hecho una maleta con lo más imprescindible y la había llevado hasta su nuevo piso, en la otra punta de la ciudad. Le había parecido una casa pequeña y triste, como las mujeres que vivían en ella, y al conocerlas, la idea de abandonar su piso, que le había costado tanto dinero, tanto esfuerzo, y que era tan bonito, luminoso y alegre, le pareció más triste todavía, aunque no vaciló. Creyó que eso significaba que todo lo demás sería más fácil, pero se equivocaba.



En el último instante, la mano derecha sobre el picaporte de la puerta, se dio la vuelta y contempló la casa que dejaba atrás, los muebles que había escogido uno por uno, las fotos de sus hijos, ese retrato tan horroroso que el niño le había hecho para el Día de la Madre y que colgaba enmarcado en el vestíbulo, las flores de tela no mucho más bonitas que recibió de la niña en el mismo día, unos años después. Y que seguían estando en la estantería, la foto de su boda, los recuerdos de los viajes, una figurita de Corfú, una caja de cerámica y metal que compraron en un pueblo de Marruecos, la bola donde nevaba sobre la Torre Eiffel...



Durante un instante pensó que estaba renunciando a su vida, a toda su vida, su memoria, sus aficiones, sus pequeños placeres. Quizás no vuelva a tener una casa como esta nunca más. Quizás no vuelva a ser feliz, quizás esté sola el resto de mi vida. Durante un instante estuvo a punto de volverse atrás, de echarse a llorar sin hacer ruido, y desandar el camino, y volverse a la cama, y dormir para volver a vivir como antes, como todoss esos días en los que lo único que quería era morirse. Entonces, sin previo aviso, unas lágrimas cómplices, mansas y silenciosas, empezaron a caer de sus ojos, y sin pensar bien en lo que hacía, levantó el brazo en un movimiento brusco para limpiárselas.



El dolor fue tan insoportable que unas lágrimas distintas brotaron sobre las que empapaban sus mejillas, y un quejido se confundió con el ruido de la puerta al abrirse. Antes de darse cuenta, estaba en la calle.