domingo, 8 de diciembre de 2019

LA PEREZA



Educada en un colegio de monjas, ahora ya mayor recuerda como las clases de la tarde dedicadas a las labores, la monja iba y venía revisando las puntadas y hablando de lo que tenían que hacer y pensar, ellas, niñas, para ser unas mujeres de bien. 

Recuerda cuando hablaban de los pecados...se quedaba con uno: la pereza.

La pereza era el mal de una mujer que siempre tenía que estar ociosa y llevar su casa y saber gobernar un hogar.

Ella pensaba que siempre estaba cansada pero no se refería a ese verbo; ella era una perezosa, como un insulto y una pecadora por no tener energía ni ganas para casi nada.

Han pasado más de cincuenta años y esa educación que tanto daño ha hecho a muchas mujeres, sigue pesándole, ese sentimiento tan terrible que es la culpa, como bien dijo Elena Poniatowska : "La culpa es la mejor arma de tortura contra las mujeres".

A pesar de leer autoras que le abrieron los ojos y le enseñaron otro modo de pensar y actuar, aún sin saber nada de lo que significaba la palabra "feminismo" ella fue aprendiendo a vivir de otra manera, con pequeñas luchas que eran un campo de batalla en el que se encontraba contra todo y todos, sola.

Ahora, los días en los que no hace nada, pero nada, se siente mal, recuerda la voz de la monja...salen las culpas, pero ya no tiene fuerzas para hacer casi nada y ve pasar los días mano sobre mano, y piensa que dirían las monjas si la vieran...ya no tiene casa que gobernar, ni gente a la que alimentar, ni trabajo fuera de casa, algo que también le enseñaron que no era bueno para una mujer, que el dinero lo traía el marido.  Ahora que ella ha comprendido que no es pereza lo que sentía y siente, es un cansancio infinito que tiene nombre, que ya estaba enferma cuando era una niña que arrastraba los pies y le reñían por ello, que no jugaba en el patio del recreo, que no era la niña perezosa que le decían, era la niña enferma y ahora es la mujer mayor que cada día puede hacer menos cosas, pero la culpa va de la mano del cansancio...que no de la pereza.

Aprendió que los príncipes no existen, que el amor no es para siempre, que un buen matrimonio puede ser la mayor y peor cárcel, que las palabras y gestos duelen y marcan para siempre, aprendió a quedarse sola y a quererse, pero también aprendió que todo tiene un precio y ella lo pagó, bien caro.  Y sigue en ello

La pereza no existe, el cansancio y la enfermedad van de la mano.  Recuerda los recreos sentada viendo jugar a las niñas y ella, la perezosa, sentada en un banco.  Se ve así misma como la denominaban las monjas, es una niña estudiosa pero muy perezosa...

Ahora es una mujer mayor y enferma arrastrando el cansancio desde que tiene recuerdos pero a pesar de todo hay días que no consigue quitarse el sentimiento de culpa: hoy no he hecho nada.  Cuando vivir luchando contra una enfermedad es ya un trabajo agotador.

La niña perezosa es la adulta, algunas veces en sus pensamientos se cruzan las monjas y la miran reprendiéndola y otros días, es ella, la mujer mayor que lo ha aprendido casi todo ella sola, equivocándose, cayéndose y levantándose.  Esa es la mujer en la que se ha convertido a pesar de tener más cosas en contra que a favor.

Vivan los días en los que no deja penetrar la culpa en sus sentimientos.




domingo, 20 de octubre de 2019

LAS DIFERENCIAS DE LA VIDA...




Ser una observadora de la vida, pasar muchas horas y días en casa, y mirar por una ventana te brinda la oportunidad de ver ciertos comportamientos de las personas.

Enfrente de mi casa, tengo dos pisos, uno lleno de jóvenes universitarios y a su lado, pared con pared, vive un anciano, solo.

Veo las diferencias horarias, la soledad de la persona que no sale a la calle y recibe no todos los días la compañía de una persona que le limpia.

Lo veo cerrar las ventanas muy pronto, excepto la de su sala que mantiene abierta toda la noche, se asoma...ve la calle, quizá mire las luces de enfrente, de otras ventanas y vea la vida de cada piso.

El otro piso es todo lo contrario, los jóvenes van y vienen, salen y entran amigos, casi todos los fines de semana tienen visita de otros jóvenes, vienen a traerles pizzas, se oye música, se ven las luces de las ventanas de todo el piso encendidas, es la juventud con su "disfrute" de la vida.

El anciano es el final de la vida, viendo como los días se alargan hasta confundir el día y la noche.

A veces pienso si oirá a sus vecinos, las risas, la música, la vida que se siente en esa casa igual a la suya, ahora tan vacía y si se acordará cuando en su casa había vida...Ahora sus hijos ya no viven allí, su mujer está en una residencia con esa enfermedad que deja sin recuerdos...y él con los noventa años cumplidos...que pensará? sentirá el pasar de los días...? deseará que la soledad acabe y descansar?

Mira por la ventana e imagino que ya ni a los vecinos conoce, menos a las gentes que ahora caminan por las aceras, sus vecinos ya no viven...o no están aquí.

Alguna noche coincidimos mirando de madrugada a la ventana pero creo que no me ve, yo quisiera que mi luz y mi ventana lo haga sentirse menos solo.

Y al igual que me alegra sentir la vida de un piso me duele sentir la sensación de la vejez y la dependencia junto con la soledad, del otro piso.

Seguro que los jóvenes no saben que viven al lado con un señor al final de su vida, quizá agradecería una visita, pero esos tiempos pasaron, los vecinos ya no se saludan ni en el portal.

Todas las mañanas veo sus ventanas abiertas y ventilando, invierno y verano, si se hace las nueve y no las sube, excepto la que siempre esta subida, me preocupo.  Y los otros, los jóvenes ni abren ni cierran ni ventilan ni nada...dos etapas de la vida...

Cada uno la vive como le corresponde...?


lunes, 5 de agosto de 2019

LOS LIBROS DE SEGUNDA MANO



Hace muchos años era una actividad, la de mirar, rebuscar y a veces comprar libros de segunda mano era algo para hacer los domingos antes del vermut.  Cuando aún no tenía ninguna responsabilidad familiar y disponía de mi tiempo, de esa época guardo revistas "femeninas" de los años treinta, libros de cuentos, alguno más, no me importaba que ya lo tuviera, si me gustaba la edición lo compraba, exactamente como ahora, de algunos libros tengo varios, iguales pero diferentes en portada y prólogo.

Ahora con las nuevas tecnologías han llegado a nuestras casas a través de la pantalla del ordenador, librerías y personas que venden libros y para mi es un placer zambullirme por un título o una edición determinada.

He encontrado algunos títulos muy preciados y que no se han vuelto a editar por lo que si no es así no los tendría en mis estantes.

Pero aún me he encontrado algo mucho más íntimo, a veces en las páginas de alguno de esos libros he encontrado, una flor seca, un billete, un vale de compra, una lista de cosas por hacer...o ya hechas, una cita, la entrada de cine, una declaración de amor, alguna de un amor que no podía ser...de un concierto,  cosas y palabras que me hacen sentir como una intrusa sin derecho a leer ciertas dedicatorias, o tocar la tinta que otras manos han escrito.

Libros de colegio con letra de niños y el curso que estaban haciendo en ese momento, libros subrayados, párrafos marcados con mucha intensidad, como si lo que leyeron otros ojos, les impresionó mucho.

Paso la mano por la tinta, alguna medio borrosa, las dedicatorias hechas con amor, pasión, amistad, lealtad, amor por los mismos libros, hay para todos los gustos, del amante, del marido, de una amiga.  Siento que estoy profanando un precioso momento, el de la mano que te entrega ese libro con parte de él...

En algunos casos también viene con la dedicatoria del autor a una persona anónima, en otros casos por lo que lees, era una persona importante para el escritor, a quién iban dirigidas esas palabras especiales y su firma.

En un lugar de mi ciudad, durante un tiempo me dediqué a buscar libros que tuvieran la dedicatoria del año en el que nacieron mis hijos, para regalárselos a ellos en su cumpleaños.

Tengo libros dedicados antes de la guerra, cuando los amantes, novios y esposos, temían no estar cerca de su amada, ya que tendrían que luchar, otros durante la guerra, de una novia que le envió a su novio, al frente un libro con los poemas de Walt Whitman, y pienso si ese soldado volvió a casa o volvió el libro con sus enseres...cada libro cuenta en esas dedicatorias una historia.

Tengo libros con "Ex libris" muy curiosos, bellos, con armas, con flores, que hablan un poco de quién los hizo hacer.

Tengo libros con fecha de compra y lugar, otros con fecha de terminación de la lectura, fechas, nombres que no corresponden al libro pero que "hablan" de quién antes que yo lo ha tenido en su vida y la importancia que le ha dado.

Entre mis libros tengo muchas dedicatorias de autores admirados y queridos por mí, también tengo fechas, lugares, citas, notas, letras, de otras personas que han escrito en ellos antes de regalármelos.  Cosas que para otros no tendrán importancia pero para mí la tiene, guardo pétalos de rosas del jardín de mi abuelo, de la rosaleda de mi colegio, de mi jardín.

Declaraciones de amistad y amor. 

Les digo a mis hijos que cuando no esté que por favor si van a regalar los libros, que los miren y rompan las palabras que me escribieron...y quiten las cosas que guardan entre sus páginas esos maravillosos compañeros que son los libros.

Pero luego pienso que igual siguen vivos en otras manos, otras personas que tendrán las mismas sensaciones que yo he tenido al encontrar esos "regalos" que no eran para mí.

Como no estaré no lo sabré, creo que no saldrán de la familia.  Es lo poco que les puedo dar, mis libros, mis gustos de lectora y las infinitas horas de compañía y felicidad que todos ellos me han regalado.

Quiero decir al final de este escrito que hay una dedicatoria que me "ha dolido" es un cuento de Celia, uno de los que me faltan de la colección...tantas mudanzas se pagan...

Es una letra de mujer, no muy buena en la que le felicitan por su cumple a su hija, y la firman con un beso, papá y amá.  Mucho dolor me ha dejado ese libro que ahora guardo en casa, no se puede saber que le pasaría a esa hija para ya convertida en adulta, dejar ese libro en un puesto para que otra persona encuentre el regalo de sus padres.  Es un libro para mi nieta, me gustaría explicarle la importancia de poner fecha, lugar, y cada libro que le regalen que lleve unas palabras de quién lo haga y lo guarde como lo que son: tesoros, dobles tesoros.

Ya lo dijo Virginia Woolf: "Los libros de segunda mano son libros salvajes, libros sin hogar: llegan en grandes bandadas y poseen el encanto que les falta a los domesticados volúmenes de la biblioteca".


viernes, 26 de julio de 2019

FACEBOOK




Hace unos días decidí dejar mi actividad en Facebook, no cerrar la cuenta pero no publicar nada privado, ni opiniones ni fotografías.


Estoy muy desencantada. 

Después de diez años en esa red que me atrajo desde el principio, las decepciones ganan a cinco, máximo seis personas que han llegado a mi vida, creo que para no irse, lástima que están lejos...


Hace un par de años que alguien me denunció por una de mis publicaciones y he estado dos años inmersa en un juicio, juicio que hace diez días he ganado!!!

Pero lo que me ha hecho sufrir, las noches sin dormir, mi ansiedad, los miedos, mis publicaciones puestas en un juzgado, eso, ni siquiera el ganar el juicio, me puede pagar lo que he penado, nunca olvidaré los malos días, años, que gente mal intencionada, envidiosa, mala,  la encuentras... y yo que soy una persona generosa, amable, cuidadosa con las creencias de cualquier manera de los demás, he sido nunca mejor dicho juzgada y afortunadamente eximida de los cargos que me culpaban.


Unido a la gran decepción que sufrí al ser insultada en mi muro por personas con las que mantenía una relación diaria de años, fue la gota que colmó el vaso de mi experiencia en Facebook.


Mi vista cada vez más limitada no ayuda a leer, mi tiempo, no es un problema porque tan apenas piso la calle y las horas del día y parte de la noche dan para mucho, pero estoy “escocida” “escarmentada” y muy desilusionada.


Sé que puedo perderme conocer a alguna persona, pero también se van a perder conocerme a mí...


Después de diez días sin publicar nada más que artículos compartidos, música y poco más, me he dado cuenta, esto es un experimento, que no importo a casi nadie, que son comentarios vacíos y que las personas no leen más de una línea...


Tres, cuatro personas, están todos los días detrás mis publicaciones, gracias, de corazón, gracias.


Las demás...nos iremos diluyendo en días...


Estoy en IG y sigo con mi Tintero, cuando puedo, cuando puedo escribir.


Decepción y toda la razón a las personas que me decían que me daba mucho... soy así y ni puedo ni quiero ser de otra manera.



Gracias a las personas que todos los días me enseñáis y a los que estamos en esta red para decir algo más que buenos días o guapa.


martes, 23 de julio de 2019

MUDANZA - HACE YA DOS AÑOS...








La mudanza me ha hecho sacar todo lo que tengo y lo que guardé con gran dolor cuando mis padres se fueron.

Ahora estoy haciendo un alto y he abierto las cajas donde guarde las fotografías.

Prácticamente las he mirado todas, hoy las lágrimas no me han impedido ver las caras sonrientes.

He hecho un recorrido por mi familia, mis abuelos, las tías y tíos, mi madre y mi padre desde niños hasta su boda. Su viaje de novios. Otras bodas, bautizos, comuniones, eran una gran familia que celebraban todo juntos.

Miro muchas caras y no las reconozco. Serán amigos o primos de mis padres. Quisiera poder preguntarles.

Veo fotografías en las que ya no viven ninguno de los que posan, muchos partieron jóvenes, guapos con una sonrisa congelada para siempre.

Las fotografías son instantes de vida.

Me recreo en las que están mis hijos de niños, con sus abuelos, los seis, están felices como nunca y me veo a mi mirando esa felicidad y no creyendo que pasaría...

Pero la vida es pasar...y poder vivirlo para contarlo a los que llegan y llegaran.








 Ultima fotografía, la última noche en casa, verano, calor, ventanas abiertas. Siempre la fascinación de ver y mirar a través de las ventanas...









viernes, 5 de julio de 2019

RECUERDOS...MIEDO.


Una sala de hospital. Niños con sus madres.
Lloran, algunos gritan en la lejanía.
Sale y entra una monja con los niños.
Tengo cinco años y mucho miedo, no lo digo. Mi madre me da la mano.
Me llama la monja, suelto la mano de mi madre y se la doy a ella.
Entramos en un pasillo largo y oigo tintinear las cuentas del rosario que lleva colgado junto a su delantal blanco.
Me sientan en un sillón con una banqueta.
Me ponen un aparato metálico y frío en mi boca, con sabor a alcohol.
Se acerca el médico con una luz en la frente.
No veo.
Tengo miedo.
Noto un inmenso dolor y un corte...y el sabor de la sangre que casi no puedo tragar.
Me ponen gasas en la boca.
Todo muy rápido. No lloro pero tengo mucho dolor y miedo.
La monja vuelve a darme la mano.
El mismo pasillo.
El mismo ruido del rosario.
Miedo.
Y en la sala mi madre me espera.
Me suelta la mano la monja y me la coge mi madre.
Ha sido muy valiente le dice la monja.
No lloro. Tengo cinco años y la mano de mi madre me quita el miedo.
Me han quitado las anginas que tanto daño me han hecho en mis cinco años de vida.
Todo esta fresco en mi memoria.
Tengo miedo y tengo sesenta años.





viernes, 5 de abril de 2019

VIDA EN EL JARDIN






Teniendo entre mis manos el libro que da título a esta entrada he disfrutado enormemente y seguro que volveré a sus páginas, a esos paraísos llamados jardines.

Empezando por los que la autora ha tenido, Penelope Levely, explicando lo que han significado para ella.

Luego llevándonos a los jardines de escritores que sin haber tenido un jardín no hubieran podido escribir ni lo que hicieron ni como.

Como ella dice: por sus jardines los conoceréis.

He paseado por el jardín de mi admirada Virginia Woolf.  Un paseo apasionante que llevó a sus obras "Al faro" y "Las olas" y su cuento corto, "Kew Gardens".

El jardín del Edén, "El paraíso perdido " de Milton.

Jardines del antiguo Egipto, en torno al año 1.500 a. C.

Un paseo por Pompeya, maravilloso el detenimiento de la belleza que puedes imaginar en sus ruinas.

Gran Bretaña al final del periodo romano contaba con más de mil villas con sus jardines.

Los jardines victorianos con su formalidad.
El jardín patricio y el plebeyo.

El jardín pintado.  Monet y sus nenúfares. Su jardín de Giverny, plantado y cuidado para tener la inspiración para pintar y él mismo lo describió como: "Mi más bella obra de arte".
De Monet a Matisse, Renoir, Caillebotte, Bonnard.
Edouard, Liebermann, Nolde, Klimt, Munch, Klee, Van Gohd, gracias a la escritora he paseado por sus jardines, sus cuadros, colores, flores, escenas de esparcimiento y belleza.

Daphne du Maurier con su novela Rebeca nos habla de un jardín abandonado en el inicio de su libro, "La hiedra reinaba en el jardín, por todas partes ortigas,vanguardia del ejército invasor..."

un libro infantil que me ha gustado y me gusta es "El jardín secreto" que también esta descrito en esta joya de libro.
"El jardín de Medianoche" y "Alicia en el País de las Maravillas"

"la memoria de las piedras" de Carol Shields, una maravilla de lectura, que en este libro se detiene minuciosamente.

En 1898 Elizabeth von Armin publicó "Elizabeth y su jardín alemán" que al año siguiente ya alcanzó su vigésima edición.

Vita Sackville-West, con sus artículos sobre jardinería. Su libro "The Garden".

Hay lugar para el jardín silvestre.
Jardines rurales.
Jardines de Rocalla, de Botánica. 

Gertrude Jekyll con sus artículos y fue la diseñadora de jardines más importante de su época.  William Nicholson la inmortalizaría en el maravilloso retrato en el que aparece de perfíl.

Hoy en día en muchos jardines se sigue practicando los dictados e ideas de Gertrude.

Nos habla de nueva especies traídas de lugares exótico para crecer en nuestra tierra, China, Nueva Zelanda, México.  Nombres, plagas, colores, composiciones, un auténtico tratado sobre jardinería.

Jane Austen también tiene su lugar en este libro.

Parques de ciudad, parques privados y parques abiertos al público, jardines que otros cuidan para el disfrute de los demás.

Sale esa ciudad que sin conocerla me enamora, Bach.

Practicar jardinería es eludir pasado, presente y futuro.
Es desafiar al tiempo. Cultivas hoy para el mañana, el jardín se transforma de una estación a otra. Siempre igual y siempre diferente.


He dejado mucho de este libro para que los que os decidáis a entrar en sus páginas los descubráis y pasear por sus páginas al igual que paseamos por los jardines.

Este libro me ha acompañado dos noches y siempre lo hará, al igual que la autora, yo tengo mis jardines...mis recuerdos.

Mis primeros recuerdos son del jardín del abuelo, un inmenso paraíso para los niños, sus rosaledas, sus frutales, mis recuerdos de los mayores es estar alrededor de una inmensa higuera, con sus hamacas, si pudiera pintar ese momento sería...la caída del sol y todos hablando relajados, mientras los pequeños jugábamos en la alberca donde los nenúfares, calas y otras especies crecían y vivían con el rumor de la caída del agua en una pequeña cascada.

Regar al caer la tarde, con la mano de mi abuelo dirigiendo la mía, con la manguera, diciéndome el trozo de jardín que debía regar y la intensidad de agua.

Cuando llegaba el invierno, miraba a través de la ventana, en la salita de la casa y veía el jardín muerto, dormido me decía el abuelo, volvería a vivir en primavera, me enseñó los ciclos.  Pero yo sentía una especie de pena al mirar el jardín así y no sabía que lo que sentía tenía una palabra: melancolía.

Luego veo a mi madre convirtiendo sus cinco ventanas en cinco mini jardines, preciosos, cuidados, era el rato que más la veía disfrutar, incluso canturrear mientras quitaba con cuidado las hojas marchitas, cambiaba las macetas, regaba, mimaba con sumo cuidado las flores de todos los colores que iban naciendo.  Era feliz con sus macetas, y ellas le correspondían a sus cuidados, era la envidia del vecindario, a las que siempre estaba dando chitos y le decían que a ellas no se les daba tan bien.

Luego me llegó tener mi casa, mi padre se encargó de ponerme unas barras y mi madre las llenó de flores, cada temporada las suyas, cuando venía, me decía que no las tenía bien cuidadas, la verdad es que tan bien como ella, no.

Luego me vino de regalo un precioso jardín que no era mío pero la dueña de la casa que nos alquiló el piso, al ver mi admiración por el jardín me lo dejó en mis manos, venía un jardinero a podar y poco más.  Allí fui feliz.

Tenía un columpio y mi hijo era un bebé al que crié al refugio de ese precioso jardín donde pasábamos las horas.  Mi madre me ayudaba, cuando venía ya sabía donde encontrarla. Al nene le poníamos una manta y gateaba por él.  Merendaba allí, cenábamos allí y nuestras habitaciones se abrían a ese vergel.

Paseaba por los caminos viendo como cada día cambiaba, estaba vivo, cada temporada tenía sus colores...lo primero unas azucenas moradas que tamizaban una parte del suelo como una alfombra morada.  Luego los rosales de múltiples colores y con rosas de olor...no como las que compras...

Allí vuelvo en sueños, en esos tiempos en los que era feliz y no había tocado mi vida la amargura y la soledad.  Allí, en el jardín mi hijo aprendió a caminar, y mis padres y yo hablábamos, me veo sentada en el columpio con el nene en brazos y ellos sentados en las hamacas...con total ausencia del mundo exterior, lo teníamos todo, estábamos todos.

Años después tuve mi propio jardín, pero mis dolencias eran ya grandes y no podía agacharme a plantar ni arañar la tierra, mi madre tampoco, así que nos dedicamos a plantar en enormes macetas, geranios, petunias, un jardín de crasas, con piedras, cactus, que a mi madre no le gustaban nada y a mi me produjo una infección una de sus espinas y lo quité.  Y mi padre me regaló unos rosales trepadores, rosas rojas como la sangre, rosas como el color que me gusta y amarillas con tonos rojos y rosas, entrelazados en las paredes, con macetas, como uno de esos patios cordobeses, pero en un lugar del árido Aragón.
El abuelo Joaquín me plantó dos cepas de moscatel que subieron, treparon y convirtieron la terraza en un lugar tremendamente romano, con la luz tamizada por sus enormes hojas.

Pero solo pude poner un árbol y fue un Lilero, que en Abril estaba lleno de color y aroma, tenía la casa llena de olor, y al regarlo era una fiesta de aromas.

Pasé años muy buenos en el jardín y la terraza, fueron un bálsamos a mi enfermedad y soledad.  

Sé que aún tienen rosas...son muy fuertes.  El jardín ha desaparecido y una de las cosas que me duelen...es que el lilero sin mis cuidados muriera...son seres vivos y necesitan cuidados y personas sensibles para dárselos.

Luego siempre me han acompañado flores en jarrones, macetas dentro de casa y fuera, en las ventanas.

Ahora vuelvo a vivir en donde nació mi madre y yo me crié, un lugar con nombre de jardín "Ciudad jardín", miro por las ventanas y veo los árboles y las flores, los jardines, la plaza, escucho el sonido del agua de la fuente por las noches, veo los cambios de estación, escucho las risas de los niños al igual que reíamos mis primos y yo.
Ahora, mis paseos casi siempre pasan por la calle del abuelo, donde fuimos tan felices, ahora ya no queda jardín, han construido toda la superficie con una gran terraza, pero los árboles de la calles, y algún chalet siguen iguales, me veo en la plaza, han cambiado los columpios y la orientación pero están en el mismo lugar, ahora columpio a mi nieta...y sigo viendo a la niña que empujaba mi padre y me enseñaba a impulsarme, al mismo tiempo que veo a la tía Lola salir a la esquina a recogernos, vuelvo a casa de su mano, saltando de alegría, mis primos, detrás, con menos ganas.  Pero en casa nos esperaban los mayores que nos cuidaban y protegían y el jardín del abuelo.

Este precioso libro ha hecho aflorar mis recuerdos de mis jardines.  Lo tendré a mano para pasear por ellos.

La Vida que te sorprende a veces muy agradablemente ha puesto en mi camino a Maryté, la persona que a través de este medio, hace ya muchos años hemos llegado a mantener diariamente un dialogo por wasap, es nuestro tiempo que digo yo, es como una relación epistolar, pero en este caso en forma de audios.  Ella tan generosa me hace partícipe de su jardín, pasea por el mientras me habla, escucho los pájaros, los llamadores de ángeles, en época de colegio escucho los niños en el recreo.  Y me va diciendo como crece su jardín, las flores que han crecido, los árboles, el césped, veo a través de sus fotografías el cambio de estaciones contrarias a las nuestras.  Quién me iba a decir, que ese lugar que me sonaba tan bonito cuando lo descubrí en las clases de geografía, Mar del Plata, ahora formaría parte de mi vida e incluso tendría un jardín más que virtual, gracias mi querida amiga, confidente y sabes que mucho más.

Y pasear por mi barrio, con mis recuerdos y mis seres queridos, acompañándome, siempre.

Deliciosa lectura. Afortunados los que tienen un jardín o han vivido en uno de ellos.